Sacamantecas | Hablar desde el presente

Por David Pérez Sañudo · Fotografías de David Herranz · 21 septiembre, 2026

El cineasta David Pérez Sañudo presenta su nuevo trabajo en San Sebastián, donde forma parte de la Sección Oficial fuera de concurso y de unas de las Galas RTVE

Hay películas que uno decide hacer y otras que terminan imponiéndose. Sacamantecas pertenece para mí a esta segunda categoría. Cuando empecé a acercarme a esta historia, pensaba encontrarme un relato criminal extraordinario, un personaje mitificado y un contexto frondoso. Pero, poco a poco, fui descubriendo que detrás del mito había algo que me interesaba mucho más: una sociedad entera observándose a sí misma a través del miedo.

Eso fue lo que acabó guiando el proyecto. Me interesaba el Sacamantecas, pero todavía más el mundo que lo convirtió en una figura posible.

Las historias que se contaban sobre él, las supersticiones, la violencia, la relación entre los individuos y la comunidad, la manera en que el miedo puede transformar la percepción de la realidad. No tenía claro si quería hacer una película sobre un asesino, pero pronto asumí que el asesino no era lo relevante.

Desde el principio tuvimos claro que acercarse a una historia real como esta implicaba asumir una contradicción: investigar todo lo posible para conocer los hechos y, al mismo tiempo, aceptar que nunca podríamos conocerlos completamente. Hay algo fascinante en ese territorio en el que la historia documentada empieza a mezclarse con la memoria, la leyenda y la imaginación. En lugar de intentar eliminar esa incertidumbre, decidimos incorporarla.

También hemos tenido que aprender a convivir con la responsabilidad de contar una historia de violencia. No nos interesaba utilizar el sufrimiento para provocar una emoción fácil. Creo que, especialmente cuando hablamos de violencia contra las mujeres, la mirada cinematográfica tiene que ser consciente de dónde coloca al espectador. Hemos intentado filmar esa violencia desde la distancia necesaria, sin convertirla en espectáculo. Es una decisión estética, pero también ética.

Después vino el desafío de construir físicamente ese mundo. El siglo XIX no podía ser simplemente un decorado. Teníamos que conseguir que el espectador creyera en él. Que asumiera sus espacios, paisajes, cuerpos y silencios. Una película de esta dimensión exige muchísimo y, al mismo tiempo, obliga a recordar constantemente que todos esos recursos solo tienen sentido si están al servicio de la historia.

Por eso Sacamantecas ha sido un proceso de descubrimiento en el que muchas de las certezas con las que empezamos fueron desapareciendo, para dejar espacio a preguntas nuevas. Ahora que la película deja de pertenecernos y empieza a encontrarse con los espectadores, siento una mezcla de ilusión y vértigo. Durante años hemos hablado de ella. Hemos intentado imaginar qué sentiría alguien al verla. Pero llega un momento en que todo eso deja de importar.

Lo que espero ahora es que cada espectador encuentre su propia película. Que la historia le produzca inquietud, emoción o incluso incomodidad, pero que, de alguna manera, le acompañe después de salir de la sala. Que el Sacamantecas no sea solamente un personaje del pasado, sino una puerta para preguntarnos por nuestros propios miedos presentes.

Ese sería, para mí, el mejor destino posible para la película: que una historia que nació en otro tiempo consiga seguir hablándonos desde el presente.

twitter facebook linkedin email