El día que recibí la llamada de Paco Escribano, de Minoría Absoluta, para ofrecerme dirigir la película Burundanga, se me quedó una sonrisa dibujada en la boca que no se me ha borrado hasta el día de hoy. ¿Por qué? Porque recuerdo perfectamente la primera vez que vi Burundanga en un teatro.
Me sorprendieron tantas cosas de aquella obra: una chica descubre que está embarazada, duda del amor de su pareja, su mejor amiga le aconseja que drogue a su novio para saber si realmente la quiere. El chico, bajo los efectos de la droga de la verdad, le confiesa que… ¡BUM!
Unos personajes que son un desastre, pero de los que te enamoras desde el primer momento. Giros y más giros de guion. Una situación que supera a la anterior. Diálogos certeros y un ritmo endiablado. Un mecanismo que funcionaba como un reloj o, mejor dicho, como una sinfonía cómica cuyo diapasón eran las risas del público.
Porque el recuerdo que guardo por encima de todos los demás de aquel día en el teatro es el de las risas, sin pausa, del público durante todo el espectáculo. Y ahora me proponían llevar aquella maravilla a la pantalla. Me sentí afortunado. Y por eso sonreía.
Porque para un cómico como yo, era todo un lujo trabajar con ese material. Un lujo y, también, un reto. El reto que significa siempre llevar una obra de teatro a la pantalla. Pero ese reto fue superado por la adaptación cinematográfica escrita por el propio Jordi Galcerán, que junto a Olatz Arroyo y Marta Sánchez hizo realidad.
Y al final, Burundanga, la película, se convirtió en un viaje maravilloso. Un viaje que ha salido adelante gracias a un equipazo, que han hecho posible, tanto en lo artístico como en lo técnico y en la producción, lo que teníamos en la cabeza.
Por no hablar de un casting soñado de actores y actrices que dominan la comedia. Algunos a los que ya conocía y otros con los que he podido jugar por primera vez. ¿Qué es sino un juego, este oficio nuestro de la comedia?
Ahora este viaje maravilloso llega al Festival de San Sebastián. Un lugar muy especial para todos aquellos que amamos el cine. Y este cómico sigue con la sonrisa en la boca, porque siempre es motivo de satisfacción que una comedia se vea en un marco incomparable como el de este certamen.
Eskerrik asko. Gracias a todas y todos los que lo han hecho posible. Y ahora, finalmente, le toca sonreír al público. Que la disfruten.
