Cinco vidas dedicadas al cine, reconocidas con el Homenaje a Profesionales 2026

19 octubre, 2026

El colorista Chema Alba, el restaurador fílmico Luciano Berriatúa, la script María Guerra y las representantes de actores, actrices, guionistas y directores Isabel Martínez y Natalia Lukic, fundadoras de Mesala, reciben mañana el aplauso y reconocimiento de sus compañeros a través del Homenaje a Profesionales de la Academia de Cine

Chema Alba | Colorista

El emocionante momento en que se decide que una película está terminada suele tener tres testigos. Dos de ellos, el director y el director de fotografía, son de sobra conocidos y reconocidos. El tercero ocupa una función con la quizás el público general no está tan familiarizado. Se trata del colorista, responsable del trabajo que otorga su aspecto definitivo a las imágenes que los espectadores verán en pantalla. Uno de los más prestigiosos expertos en este campo es Chema Alba, que este año recibe el Homenaje a Profesionales de la Academia.

Con veinte años y más de cien largometrajes en su haber, Alba no ha perdido el entusiasmo. “Tengo la suerte de que un lunes cualquiera en mi trabajo me gusta”, comenta divertido. A esta industria llegó de manera vocacional. Estudió imagen y sonido, y la primera oportunidad en el cine fue trabajando en imagen y escaneado, “en los años de la transición al digital, cuando todavía se rodaba todo en negativo, y se digitalizaban primero algunas partes para efectos y demás, y más adelante ya toda la película”. Ahí escaneaba y filmaba, pasaba de celuloide a digital y viceversa, para sacar la copia de exhibición. En 2007 le ofrecieron la oportunidad de ser colorista, “y hasta hoy”.

El color existe desde que existe el cine, mantiene este reputado profesional. “Eran etalonadores, porque la etiqueta de colorista llega con el digital, pero el trabajo era el mismo”. Siempre ha hecho falta, tanto cuando se rodaba en negativo como en digital, ¡igualar los planos: no se rueda en continuidad, las condiciones de luz cambian, se puede rodar un plano y su contraplano en días distintos… Hay que igualar el aspecto de todo eso, para que la sensación del espectador sea de continuidad narrativa. Que todo parezca que está sucediendo en el mismo momento y en el mismo lugar”.

Esa transición entre celuloide y píxeles ha supuesto un reto y una oportunidad. “Con el digital de golpe hay muchas más herramientas, que permiten ya no solo la parte de igualar, sino que puedes tocar todo, todos los colores, la película entera: cada prenda de ropa, cada cielo, cada mueble, cada piel”, explica. “Es un trabajo más complejo, pero muy chulo. Antiguamente ya se iba más allá de la mera coherencia estética, pero las posibilidades actuales son infinitas”.

Por eso, considera el suyo un oficio en continua renovación. “Constantemente aparecen herramientas nuevas. Nosotros trabajamos de mano del director o directora de fotografía, acompañándole para alcanzar su visión. Damos el toque final a lo que previamente ellos han ideado y ejecutado en rodaje”. El colorista finaliza la imagen, para que sea como el director de fotografía requiere. “Representamos el paso final, normalmente el último día de la película está el director, el director de fotografía y el colorista, que es el que maneja la herramienta que concluye la imagen de la película”, continúa.

Para Alba, ser testigo del momento final de una película “es precioso, porque siempre son procesos muy largos en los que los responsables se han volcado. Ese final tiene mucho de dejar ir, de decidir que ya no se mete ni un retoquito más, y hay quien a quien le cuesta más, entre comillas, abandonar la película”. Un proceso mágico que “por mucho que se tecnifique, siempre será muy artesanal, porque lo que importa es algo tan esencial como la luz y el color. Mi manera de trabajar siempre tiende a lo sensorial y artesanal antes que a lo tecnológico: qué te transmite la imagen, qué añade a la historia, eso es lo importante”.

El reconocimiento que ahora le brinda la Academia de Cine le ha servido para echar cuenta de una trayectoria que continúa creciendo. “El primer director de fotografía con el que me senté fue José Luis Alcaine, que me enseñó mucho a no limitarte al fotograma, sino ampliar la mirada y ver el conjunto, que es lo que importa. Gracias a él pude trabajar con El deseo, que confiaron en mí cuando aún no llevaba mucho tiempo. Poder hacer los largometrajes de Pedro Almodóvar es uno de los mayores regalos que he recibido, las que ha ido haciendo y las anteriores, que las he podido restaurar”, expone.

J. A. Bayona, Fernando Trueba o Álex de la Iglesia son otros de los cineastas clave de su carrera, a la que añade directores de fotografía como Josu Incháustegui, Migue Amoedo o Pau Esteve Birba. ¿Qué es lo próximo? “Vienen nuevos retos, herramientas y tecnologías, algunas de ellas que no sabemos cómo vamos a controlar, como la IA. Pero a la vez hay todo un movimiento de vuelta al fotoquímico, se está haciendo cine casi como en los setenta. Para mí ese es el reto, me ilusiona saber hasta dónde puedo llegar. Que la tecnología de última generación conviva con una visión histórica del cine es lo mejor que nos van a ofrecer los próximos años”.

En conclusión, para Chema Alba “no hay profesión mejor” que la suya. Una suerte haberla encontrado. Este martes recibirá en la sala de la calle Zurbano el aplauso de sus compañeros, con el que le basta para sentirse realizado. “Me siento muy valorado y reconocido por la gente con la que trabajo”, concluye agradecido.

Luciano Berriatúa | Restaurador cinematográfico

No fue la vocación la que llevó a Luciano Berriatúa a la restauración, sino un deseo muy personal: poder ver las películas como eran en su estado original. Durante una investigación sobre su director predilecto, F. W. Murnau, descubrió las dificultades para ver su filmografía tal y como había sido concebida. Y en ese momento comenzó una labor de décadas para preservar el cine mudo alemán y español, que le han convertido en pionero y referente de la restauración cinematográfica en nuestro país y uno de los mayores conocedores de la obra de Murnau a nivel mundial.

Gracias a su trabajo han vuelto a la vida grandes títulos de la historia del cine, como Nosferatu y Fausto; Metrópolis, dirigida por Fritz Lang, y Campanadas a medianoche, de Orson Welles. Además de los dos primeros, de la filmografía de Murnau también ha restaurado El castillo Vogelöd, El último y Tartufo, y colaboró en la restauración de Amanecer, la primera historia que el director alemán realizó en Estados Unidos.

Nacido en Madrid en 1949, Berriatúa es un erudito cuyo conocimiento de las distintas disciplinas del cine –ha ejercido de director, director de fotografía y montador– le permitió investigar cómo esos oficios se habían hecho a principios del siglo XX, y afrontar la restauración desde una perspectiva única. Y es que, para este escritor, e historiador de cine, la restauración se asemeja al trabajo de los detectives y los arqueólogos. La búsqueda y la necesidad de descifrar son inherentes a este oficio, para el que desarrolló una metodología propia.

El modus operandi de Berriatúa incluye una investigación documental exhaustiva y rigurosa para apoyar y justificar las decisiones de restauración. Exige indagar mucho –en la película física, los negativos, los positivos, los bordes, los empalmes etc–, para averiguar cómo era en un inicio. Ese retorno al origen, en el caso del cine mudo, implica recuperar el acompañamiento musical ideado para los filmes y los colores originales. Un empeño no exento de contratiempos, que tienen mucho que ver con no poder disponer de copias fiables de la época, pues en cada país las copias eran diferentes, con rótulos, reproducción del color y partituras distintas. A esto se sumaba la censura, que provocó que hubiera cortes distintos del metraje en cada nación para conseguir el visto bueno de las autoridades que aprobaban el estreno. Ejemplo de ello es Fausto, su película preferida de toda la historia del cine, y de la que localizó hasta cinco negativos diferentes en archivos de Europa y América. Con esta búsqueda, además de conservar todo el material existente, pudo acercarse al ansiado montaje original. Pero siempre planteando la restauración como un proceso reversible, que no afecte al material original, para que los futuros investigadores puedan reconstruir su versión.

Desde los años noventa, Berriatúa ha colaborado con diferentes archivos fílmicos a nivel nacional e internacional, desde Filmoteca Española y Filmoteca de Catalunya a la Fundación Murnau-Stiftung. Entre sus aportaciones más recientes, destaca la compleja restauración de Érase una vez…, proyecto de la Filmoteca de Catalunya, que duró ocho años, de 2014 a 2022, y en la que Berriatúa se ocupó junto a Isabel Benavides de la reintroducción digital del color. Un largo y meticuloso proceso que permitió recuperar el color original a partir de algunos fotogramas de 35mm encontrados, y que el segundo largometraje de animación de la historia del cine español volviera a ser una realidad más de 70 años después de su creación, y quede preservado para las generaciones futuras.

Autor de numerosos libros, monografías, documentales y artículos especializados sobre cine, historia, restauración, etc., a través de sus publicaciones tenemos acceso a materiales en español sobre Murnau, como demuestran Apuntes sobre las técnicas de dirección de F.M. Murnau (Filmoteca Regional de Murcia, 1999), Los proverbios chinos de Murnau (Filmoteca Española,1990-1992), y Nosferatu. Un filme erótico-ocultista-espiritista-metafísico (Divisa, 2009). Sus volúmenes de los proverbios impactaron tanto al cineasta Álex de la Iglesia que bautizó al sacerdote de El día de la bestia con el apellido de Berriatúa en homenaje a él.

Profesional polifacético y apasionado de la animación, la alquimia y el ocultismo, Berriatúa ha pasado por el séptimo arte dedicándose a facetas muy diferentes dentro de la industria. Ha dirigido documentales y cortometrajes de animación y de imagen real, y los largometrajes El buscón, La maldición de Horus y Viajes astrales. En 2025 recibió el Premio Nacional de Patrimonio Cinematográfico y Audiovisual, galardón al que ahora se suma el Homenaje a Profesionales 2026 de la Academia, en reconocimiento a toda una trayectoria al servicio de la cinematografía.

María Guerra – Script

Memoria del rodaje y puente con el montaje, la profesión de script ocupa un lugar esencial en la construcción del relato cinematográfico. María Guerra es una de esas profesionales que desempeñan una función tan fundamental como desconocida a la hora de hilvanar los relatos en el audiovisual. Una labor que le ha hecho merecedora del Homenaje a Profesionales 2026 de la Academia de Cine.

Su lugar estaba cerca de quienes cuentan las historias. María Guerra comenzó su trayectoria en el equipo de dirección, como auxiliar y segunda ayudante. Pero pronto descubrió que había un puesto que respondía mejor a sus inquietudes: el de script. “Me di cuenta de que es la persona que está en primera línea de la construcción del relato, al lado de quien narra la historia”, explica. Esa proximidad al proceso creativo fue, desde el principio, uno de los grandes atractivos de una profesión que sigue viviendo como “un auténtico privilegio”.

La continuidad es una de las responsabilidades más reconocibles de la script, pero su trabajo va mucho más allá de velar por la coherencia entre planos y secuencias. Guerra define a quienes ejercen este oficio como “la memoria del rodaje y también el puente con el montaje, con todo lo que esto implica”. Una labor que exige atención al detalle, pero también una comprensión global de la película y de sus posibilidades narrativas. “Me gusta pensar que ayudamos a abrir opciones para el montaje final”, señala. Para ella, lo más valioso es aportar “una mirada completa sobre el relato, siempre al servicio del proyecto”.

Esa mirada se construye en el día a día, en un entorno donde la precisión técnica convive con la intuición y la capacidad de comunicación. La relación con la dirección y con los intérpretes resulta determinante para desarrollar el trabajo. Por eso considera fundamental que exista la confianza necesaria para expresar dudas, proponer ideas o prestar apoyo cuando sea necesario. “Cuando la comunicación fluye, todo el equipo trabaja con más seguridad y la película se beneficia de ello”, afirma.

Guerra ha participado en proyectos cinematográficos y televisivos de distinta naturaleza, experiencias de las que continúa extrayendo aprendizajes profesionales y personales. Su manera de afrontar cada rodaje pasa por mantener viva la curiosidad y prestar atención a quienes la rodean. “Cuando trabajas con un grupo humano tan variado y creativo como es un equipo de rodaje y mantienes la curiosidad alerta, seguro que cada día aprendes algo de alguien”, asegura.

La experiencia acumulada también le ha permitido ampliar horizontes más allá del trabajo. Algunos rodajes le han brindado la oportunidad de conocer otros países y culturas, mientras que otros le han dejado vínculos que perduran mucho después de que termina la producción. Entre los regalos de esta profesión, destaca precisamente haber encontrado “amistades verdaderas que se mantienen hoy en día».

Lejos de apagar la expectación de los comienzos, el paso del tiempo parece reforzar su entusiasmo. Guerra afronta cada nueva película como una oportunidad de entrar en un universo distinto, adaptarse a un equipo y descubrir una manera particular de dirigir. Participar en la creación de una película, sostiene, “es una experiencia única en cada ocasión”. La ilusión no es, por tanto, un añadido al oficio, sino una condición para ejercerlo: “sin ilusión no sería posible”.

El Homenaje a Profesionales de la Academia supone una oportunidad para reconocer esa dedicación y acercar al público una figura que permanece habitualmente fuera de su mirada. Guerra celebra que se dé visibilidad a una responsabilidad que, en ocasiones, tampoco se comprende del todo dentro de la propia industria. “Siempre es positivo que se sepa de nuestra existencia y de nuestra responsabilidad en un rodaje”, apunta.

En lo personal, recibe el reconocimiento con emoción y gratitud. Lo considera “una muestra de cariño por parte de la profesión” y un honor que agradece profundamente. Un homenaje que pone el foco en una labor discreta, pero decisiva: acompañar la construcción de una historia, preservar su memoria y contribuir a que encuentre su forma definitiva en la pantalla.

Natalia Lukic e Isabel Martínez | Fundadoras de la agencia de representación de intérpretes, directores y guionistas Mesala

Natalia Lukic e Isabel Martínez, fundadoras de la agencia de representación de actores actrices, directores y guionistas Mesala, entienden la interpretación como “un arte que, además de vocación y talento, requiere de la suma de muchos factores para que los profesionales que confían en nosotras alcancen sus objetivos en el cine, el teatro y la televisión”. Y, por la profesión que llevan desempeñando desde hace 25 años, han sido reconocidas por la Academia de Cine.

En el año en el que cumplen las bodas de plata al frente de Mesala, estas dos conocidas representantes, que siempre están en el patio de butacas viendo cómo a sus representados se les premia por su trabajo, son ahora homenajeadas por la Academia por desempeñar un oficio del que se sienten “muy orgullosas. Nos apasiona, aunque a veces no es fácil. Para nosotras es importante no estar en primer plano, el que nuestra presencia no sea tan obvia, es ubicarnos de alguna forma. Lo que sí echamos en falta es el reconocimiento de la industria, pero no por figurar, sino por tener nuestro espacio y que se considere nuestro trabajo de soporte, ayuda, de mediación y de equilibrio entre las partes para que todo fluya”, exponen.

Aunque provienen de mundos distintos –Lukic estudió dirección y ha trabajado en ámbitos de la industria como la producción y el casting, y Martínez es periodista–, sus vidas se entrelazaron en Kuranda, donde comenzaron en el mundo de la representación. El siguiente paso fue la creación de Mesala, agencia que en sus 25 años de existencia no ha cambiado su leitmotiv: “amor por lo que hacemos y profesionalidad. Defendemos que sea el oficio lo que mantenga al actor-actriz, y esto se está perdiendo un poco. Hay mucha gente que se quiere dedicar a esto sin realmente aportar ningún tipo de formación, ni tener nociones. Las redes son importantes, pero son una herramienta más que en ocasiones eclipsa la parte más actoral, que es por lo que siempre hemos peleado muchísimo, aunque algunas personas de esta industria no lo entiendan, lo que nos preocupa. El que confunda el ser actor-actriz con otra cosa no está en Mesala”, advierten.

Marta Etura, Greta Fernández, Macarena García, Marina Fois, Bárbara Lennie, Mona Martínez, Nathalie Poza, Ana Rujas, Ana Torrent, Emma Vilarasau, Laura Weissmahr, Antonia Zegers, Ernesto Alterio, Álex Brendemühl, Alfredo Castro, Miki Esparbé, Eduard Fernández, Carlos González, Pol López, Matias Recalt y Miguel Rellán son algunos de los intérpretes que han puesto su carrera en sus manos.

“Los actores son vulnerables, generosos y están muy expuestos. Sus carreras son de largo recorrido y unas veces están arriba y otras abajo. Tener el mismo punto de vista sobre la profesión es fundamental para que la relación representante-representado funcione”, destacan estas dos profesionales que conectan con los intérpretes “honestos” y entienden que lo más gratificante de su labor es “construir una carrera”.

Las responsables de Mesala han vivido el crecimiento de muchos intérpretes, con los que establecen vínculos muy cercanos. “Nos convertimos un poco en familia. Y como en todas las relaciones, entendemos que esta a veces termine y algunos de nuestros representados dejen la agencia. Nosotras también hemos invitado a actores que queremos y admiramos a que se vayan, pero sin malos rollos y con el propósito de mejorar, crecer, de darnos una oportunidad”, manifiestan Lukic y Martínez, para quienes el talento es “importantísimo, pero este tiene que ir unido a una actitud, a ganas de que las cosas ocurran”.

Liderada en la actualidad por Natalia Lukic, que está arropada por un equipo de siete personas, en Mesala tienen como prioridad llevar a sus representados “al terreno de la creatividad y a la búsqueda de su identidad, sin perder de vista la formación”, dicen estas dos profesionales que tienen claro las habilidades “imprescindibles” para desempeñar su labor: empatía, “mucha empatía”, cariño, respeto y paciencia.

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