Lux Pascal: «El cine es un refugio»

Por Víctor Amor · Fotografías de Posado: @michaeloats / Foto fija: Sebastián Argüello · 12 junio, 2025

Acaba de llegar a Madrid y parece no importarle el jet lag: se siente en casa y todo le resulta familiar. Sonríe y se levanta a saludar. Su agenda está llena, pero recibe a la Academia de Cine en una cafetería del centro de Madrid. Por sus venas corre sangre chilena y, desde la infancia, lo suyo era la interpretación. «Desde muy pequeña vivía actuando”, señala. Lux Pascal ha cumplido el sueño de convertirse en el reflejo de todas esas actrices que admiraba en las películas que le regalaba su hermano Pedro Pascal. Desde 2011 ha hilvanado su camino en un arte que, más que un trabajo, es algo medular en su vida.

Formada en la Juilliard School de Nueva York, y consolidada como referente LGTBIQ+ a ambos lados del Atlántico, Lux Pascal encarna a una nueva generación de artistas que creen en el poder transformador del séptimo arte. Conversamos con ella sobre cine español, vocación, familia y su nuevo proyecto, Miss Carbón, de Agustina Macri, donde interpreta a Carla Antonella Rodríguez, la primera mujer trans que se presentó a trabajar en una mina en Argentina. La película llega a las salas españolas este viernes, 13 de junio.

Tu primer protagonista y es en el cine español.

Tanto la productora española Morena Films, como la directora de la película Agustina Macri confiaron en mí, y me contactaron. Fue ella quien me escribió personalmente. Después de graduarme retomé el contacto y sentí que era un proyecto maravilloso que tenía que hacer.

Carla Antonella Rodríguez continúa siendo minera, ¿cómo fue el encuentro con ella?

Nos conocimos poco antes de empezar a rodar. Conocí sus motivaciones, comprendí cómo es ella por dentro. Me sorprendió mucho su dulzura, y me pareció milagroso que una mujer con una vida tan dura fuera tan luminosa, pese a toda la tristeza. Era muy complejo como actriz reflejar que la suya no es sólo una historia de triunfo, sino que ese triunfo está acompañado de un coste enorme.

Imagino que le ha quedado algo de Carlita.

Su resiliencia, sin duda. Me gustó verla trabajar, cómo es en su ambiente. Es una mujer que no ha hecho más que trabajar, una persona que está constantemente viendo dónde es útil, dónde puede ayudar a los demás. También me gusta pensar que me llevo esa parte de ella, de reflexión sobre en qué momento y dónde puedo ser yo útil a los demás.

Además, era la primera vez que asumía un rol protagónico. Lo he vivido como una experiencia de disciplina y de aprendizaje. He disfrutado mucho del rodaje, pero me gustaba implicarme en todo lo demás. Los tres meses de la producción procuré hacerlo todo y creo que lo di todo.

Es una historia que entrelaza varias tramas como la clase social, el género y la identidad, ¿cómo ayuda el cine a generar debate social?

El cine es una de las herramientas más potentes que tenemos para generar ese debate social. Es un arte que se levanta desde la realidad, y que hace que el público se conecte con las historias. A los espectadores les va a conectar la historia de Miss Carbón, que es política sin ser consciente de ello. Es una historia muy potente, que espero que tenga también un impacto social.

En la actualidad hay una reacción contra los avances en derechos LGTBIQ+. ¿Qué tipo de historias hacen falta?

Historias como Miss Carbón, donde lo principal es que a ella se le reconoce como la mujer que es, y no hay dudas de eso. Son historias que no sólo quiero seguir viendo, sino que también quiero hacer como actriz. Eso es lo que me parece muy rico de esta película, que cuenta la historia de una mujer trans, pero no es sólo eso, porque en su vida es muchas más cosas. Es la vida de alguien que consiguió ser quien ella quería  y a pesar de ese mundo hostil consiguió mantenerse en pie. Con las historias LGTBIQ+ me gusta siempre que los personajes sean tomados en serio, que se les vea como lo que son, y que sus conflictos no sólo sea el ser o no ser, porque son historias de vida. Yo también quiero ser vista como una actriz y punto. Puedo hacer esta historia, pero puedo contar otras tantas que no estén relacionadas con lo LGTBIQ+, y eso también es un triunfo en la representación del colectivo.

En definitiva, contar historias en las que el conflicto de tu personaje no sea siempre ser una mujer trans…

Me conozco como actriz, sé lo que trabajo y todo lo que he trabajado. Por mí, pero también para el público, quiero contar historias de diversa índole, y creo que es un triunfo. No tengo dudas de que puedo hacer todo tipo de personajes femeninos. Tampoco dudo de que, llegado el momento, muchas mujeres podamos audicionar para un personaje, y que sea la directora, la productora, o quién sea, la que decida quién es mejor para ese papel. Esto creo que no es algo revolucionario, sino de dignidad humana.

Mi existencia no es un discurso político, ni un debate.

Mi existencia no es un discurso político, ni un debate.

Nació en Estados Unidos, es chilena y llega a España con una película hispano-argentina. Entra por todo lo alto en la familia del cine iberoamericano.

Esta película es cine español, coproducida con Argentina. El hecho de grabar en España me encantó. Siento que he vuelto a mi tierra,  tengo un origen vasco, y parte del rodaje fue en Bilbao. Todo estaba conectado porque en Bizkaia está Balmaseda, que también es el apellido de mi padre ( se ríe). Ha sido una experiencia cultural enorme, un gran aprendizaje.

Habla de las raíces. En el ADN de la familia Balmaceda Pascal está el ser artista, su hermano -Pedro Pascal- es uno de los actores más aclamados del audiovisual en todo el mundo.

El arte y el cine siempre han estado presentes en mi casa. Me crié viendo muchas películas, tengo recuerdos de ir al cine con mi padre cuando tenía tres años, y de quedarme sola en casa viendo películas. Mi hermano Pedro me regaló las películas que han sido los cimientos para convertirme en la actriz que soy hoy. El cine es un refugio para todo, siempre está.

¿El apellido le ha abierto más puertas o le ha generado muchas más expectativas sobre su trabajo?

Mi hermano y yo siempre lo hablamos: somos actores pero, por encima de todo, somos hermanos. Empecé en esto antes de que mi hermano fuese tan conocido, y ahora, gracias a su éxito meteórico, también hay cosas buenas que me llegan a mí. Soy consciente de que hay gente que se acerca sin buenas intenciones. Soy su hermana y no voy a dejar de acompañarlo. Estoy muy orgullosa de él, siempre he querido estar ahí para él, y siempre lo voy a estar.

¿Cuándo tomó conciencia de que quería ser actriz?

Recuerdo que de chica veía películas muy adultas, me interesaba mucho por la figura de las actrices. Desde pequeña supe que la mujer que veía en pantalla era una figura enaltecida de mi realidad, y supe que quería ser esto.

Siempre que me podía disfrazar o construir algo lo hacía. En Halloween, por ejemplo, florecía como niña y como profesional, y me lo tomaba muy en serio ( se ríe). Recuerdo inspirarme mucho en personajes como Morticia Adams, o en todas esas vampiras y brujas, principalmente mujeres independientes, empoderadas.

Y si se encontrase con esa niña que se tomaba tan en serio esto de ser actriz…

Lo primero que haría sería abrazarla. Siento mucho amor por mi niña interior, me emociona mucho pensar en ella. Me gustaría decirle que va a ser una persona muy amada por gente que la va a querer sin condición.

¿Volverá a rodar en España?

Es lo único que quiero. Amo este país, lo disfruto mucho y me siento muy conectada con vosotros. Además, mi hermano Pedro vivió y trabajó en Madrid, así que no sería la primera Pascal que quiere volver a trabajar en España.

 

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