Carlos Torres: “La tragedia de los Andes no acabó con el rescate”

Por Chusa L. Monjas · 23 septiembre, 2026

La serie Más allá de la sociedad es una de las proyecciones especiales del Festival de San Sebastián

¿Qué ocurrió cuando, tras más de setenta días en el desierto blanco, los 16 sobrevivientes volvieron a sus casas y se reencontraron con las familias de las 29 personas que fallecieron en el vuelo de las fuerzas aéreas uruguayas que se estrelló en la cordillera de los Andes en 1972? ¿Cómo se reconstruye una vida después de una tragedia de esa magnitud? Estos interrogantes son los pilares de Más allá de la sociedad, serie documental creada por J.A. Bayona y Carlos Torres, que dirige esta no ficción que comienza con el rescate de los supervivientes y recorre con ellos y con los familiares de los que no volvieron de la montaña los cincuenta años posteriores a este accidente, que marcó para siempre las vidas de una comunidad.

Testimonios de los sobrevivientes, familiares de las víctimas, escritores y cineastas vinculados a esta historia conforman el contenido de esta producción de tres capítulos, que es una de las proyecciones especiales, fuera de concurso, del Festival de San Sebastián –llegará a Netflix el próximo 18 de diciembre–. “Es una historia de historias. El certamen vasco nos da un sello, es el mejor espacio para presentar este proyecto, que retoma el relato donde finalizó la película de J.A. Bayona La sociedad de la nieve”, apunta Torres, que en este trabajo reúne, por primera vez, a los que regresaron y a los familiares de los que no lo hicieron. “Todos son parte de una misma historia. Son un grupo muy especial, un grupo del que nadie más podrá participar. Ni ellos mismos saben explicar qué son, dicen: no somos amigos, no somos hermanos, pero somos más que eso”, subraya.

Torres, cree que la ficción “trata de replicar la no ficción, donde están las historias más puras porque es la piedra que se ha de tallar. Que alguien te cuente lo que vivió con el poder del recuerdo, de la emoción, me golpea de una manera que hasta ahora no me ha golpeado en la ficción”, y aborda en la serie un cruce entre experiencia real y representación audiovisual. La mayoría del reparto de La sociedad de la nieve viaja al lugar del accidente, al Valle de las Lágrimas, para participar en un encuentro planteado por la producción como un puente entre los protagonistas de la tragedia y quienes los interpretaron en la cinta.

Todos hemos oído hablar de la historia de los supervivientes de los Andes por las películas, documentales y por los libros, algunos escritos en primera persona por los sobrevivientes¿Por qué esta serie ahora y qué aporta?

Sin toda esa acumulación de relatos no tendría sentido Más allá… La historia de lo que pasó en la montaña se seguirá relatando, siempre habrá nuevas miradas y se encontrarán nuevas líneas, pero está contada. Todos sabemos lo que pasó, quien no ha visto o ha leído ¡Viven! ha visto La sociedad de la nieve; todos hemos tenido acceso a la historia, hay muchas referencias en la cultura popular. Pero, después de una tragedia tan grande, de una historia tan global, ¿qué fue de esas personas que iban en el avión, qué ocurrió con los familiares de los que no volvieron? Lo extraordinario es lo que pasó en la montaña, pero lo humano fue lo que ocurrió después: lidiar con el duelo y con la culpa. Muchos de ellos vivían en la misma comunidad. Y en esa especie de laboratorio de emociones muy concentrado a los documentalistas nos interesa mirar.

¿De quién surge la idea de contar esta crónica, de J.A Bayona o de usted?

El punto de partida es Bayona, al que siempre le rondó la idea porque este árbol tiene muchas ramas, cada familia tiene una propia película, como se ve en la serie. El germen fue la numerosa documentación e información que tenía Bayona y que no entró en La sociedad de la nieve. Me explicó el concepto y empezamos a trabajar. éltenía muy claro que había una historia que pasaba en Montevideo con la montaña, y que una sin la otra no estaban del todo completas.

¿Por qué nos atraen tanto las historias de supervivencia?

Porque nos llama lo extraordinario, son historias muy poderosas en las que todo está en contra y en las que, cuando alguien lucha contra los elementos, consigue sobreponerse. Creo que todos sentimos que la persona que supera esa adversidad, esa fatalidad, es uno de los nuestros, y ese final feliz es un poco el final feliz de todos. El final de Más allá… es muy ambivalente, y eso es lo que nosotros queríamos analizar.

Han pasado más de 50 años y seguimos hablando de este trágico suceso, ¿queda algo sin mostrar o contar?

En ese avión iban 45 personas, hay 45 ramas de las que tirar. Hay que tener en cuenta que las vivencias no se activan al mismo tiempo, hay personas que tardan muchos años en procesar la tragedia que han vivido, ellos y sus familias. Hay muchas historias que siguen ahí latentes, porque hay familias que no están preparadas para contarlo. Además, los ojos de hoy no son los mismos de hace 52 años, siempre hay nuevas visiones. Pasa en esta historia y en otras muchas, que acaban siendo mitos que se van elaborando con el tiempo y con las personas que lo van mirando.

En esta no ficción hay numerosas imágenes de archivo y testimonios, algunos de ellos inéditos. Cuando se tiene tal avalancha de información, ¿cuál es el reto?

Lo más complicado es decidir qué entra y qué se queda fuera, y distinguir dónde está lo narrativamente poderoso que hace que una historia sea digna de ser escuchada y vista. En un suceso tan denso, poderoso y documentado como este, con tantas imágenes y reinterpretaciones posteriores, hay que acotar. Nosotros llegamos cinco décadas después y contábamos con muchas entrevistas, y todas tenían algo que te cautivaban, pero había que elegir, así que hay historias que han quedado excluidas.

“Los que regresaron”, “Los que no volvieron” y “El cuentito” son los títulos de los tres capítulos de esta producción. En el primero abordan el tema de la antropofagia –la madre de uno de los supervivientes le pregunta a su hijo ‘¿de qué se alimentaron?’ y este responde ‘mamá, nos comimos a los muertos’–.

En los dos primeros episodios ponemos el foco en lo que contaron a sus familias y a sus vecinos los que volvieron. Ellos viven ese relato íntimo y también el global, porque se preguntaban ‘qué quiere saber el mundo de nosotros’. Todos los que nos hemos acercado a esta tragedia tenemos muchos datos, y la antropofagia es uno de ellos. Los supervivientes llevan este tema con bastante más naturalidad que las personas que se han aproximado al suceso. Y para las familias de los que no regresaron, este asunto no es el centro, les repercute mucho más el no poder hacer el duelo porque la historia está siempre contándose; cada aniversario ellos rememoran que su lado es el de los que se quedaron en la montaña.

Nuestra historia comienza donde acaban todas las historias sobre la tragedia de los Andes, que no acabó con el rescate, sino que siguió mucho después y es tan poderosa como la que vino antes. Hay que tener en cuenta que todo va cambiando; uno de los supervivientes dice que no eres el mismo cuando tienes veinte años, que eres un incendiario, que cuanto tienes cuarenta, que eres un bombero.

El reencuentro de los supervivientes con las familias de los que fallecieron…

Uno de los propósitos de este trabajo era no juzgar a ninguna de las personas que entrevistamos. Escuchas al que vuelve y tiene la necesidad de sentarse con el padre del amigo que no regresó, una situación muy dura, y lo entiendes; y entiendes también al que no puede enfrentarse al recuerdo de su hijo muerto porque hay una ausencia. El barrio en el que vivían los supervivientes y los familiares de los fallecidos se llena de ausencias, de fantasmas. Me sorprendió mucho que los supervivientes, que ahora tienen entre 73 y 80 años, vuelven a principios de los años setenta cuando hablan de algunos temas. Ahí te das cuenta de lo vivo que está el reencuentro de los que se quedaron y de los que volvieron, dos mundos que, con el tiempo, empiezan a entenderse.

La empatía. En ese proceso de entender al otro, de ponerse en el lugar del otro, ayudó la proyección de La sociedad de la nieve que tuvo lugar en Montevideo. Un pase muy especial que recupera Más allá de la sociedad.

Por primera vez, los supervivientes y los familiares de los fallecidos, que se habían ido viendo por el barrio, se sientan en una sala de cine y piensan que, quizá, no pueden decirse cosas, pero tienen al cine como intermediario, como el arte con capacidad para hacerles reflexionar sobre su propia historia. Es un ejemplo de cómo volver a contar una historia te ayuda a sobrellevarla de otra manera.

Bayona siempre recordaba el poder de la ficción. A veces, la forma de enfrentarse a historias tan tremendas está en cómo las cuentas. Hace 50 años hubiese sido inviable hacer lo que hicieron los responsables de La sociedad de la nieve, que se gestó en un momento en el que ambas partes se enfrentaban a lo sucedido de otra manera, y los padres de los fallecidos ya no estaban.

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