Mikel Gurrea: “Es muy tentador que alguien te prometa que puede liberarte de los cuidados”

Por María Gil · 24 septiembre, 2026

Vuelve a competir por la Concha de Oro del Festival de San Sebastián con Sants, donde repite con Victoria Luengo como protagonista

Quiso el azar que en pleno rodaje de Sants se produjera el llamado “robo del sigo” en el Museo de Louvre. Una coincidencia entre la realidad y la ficción para una película que habla de los robos de arte sacro en nuestro país. El segundo largometraje de Mikel Gurrea, protagonizado por Victoria Luengo, Eulàlia Ramón y Ariadna Gil, juega con los códigos del cine de atracos y pone el foco en los cuidados, a través de la historia de una mujer que lidia con la enfermedad de su madre, mientras entra a formar parte de una banda de ladrones de figuras religiosas. El conocido barrio barcelonés que da nombre a la película es ahora el hogar del director donostiarra, que regresa a la Sección Oficial del certamen tras todo lo vivido con Suro en 2022. Muy contento de que su nueva historia también se presente en “ese lugar de apoyo, de lanzadera, de visibilidad” afronta el paso por Donosti “con nervios, pero felices”.

Competirá por segunda vez por la Concha de Oro, muy bien acompañado por las producciones de Roberto Bueso y Javier Ruiz Caldera. ¿Cómo valora esta presencia destacada del cine español en Donosti en los últimos años?
Es un reflejo de las películas tan buenas y diversas que se están haciendo, de escalas muy distintas y que están consiguiendo su lugar en los festivales más importantes del mundo, entre los que está San Sebastián. Se nota cuando sales fuera de España y hablas de nuestro cine y de este festival. Hay una mirada y un reconocimiento porque se están haciendo las cosas bien.

¿De dónde surge la historia?
 Yo vivo en el barrio de Sants de Barcelona, que significa “santos” en catalán, y un día me pregunté por el nombre y descubrí que había una iglesia que se llamaba Santa María de Sants, y fui a verla varias veces y siempre me la encontraba cerrada. Y regresando pensé que muchas se han cerrado porque históricamente ha habido muchos robos y que una iglesia puede tener tesoros. Y de ahí surgió la curiosidad de hablar sobre los robos de tesoros de arte sacro, que hay toda una literatura e historia al respecto.

Paralelamente, escribí el personaje de Lali, esta chica desarraigada, un poco al margen de la ley, que es un poco ladrona, que vive en el lugar más alejado de un barrio de Barcelona, en la estepa trabajando de temporera y que recibe la llamada de su madre, con la que tiene una relación muy distante, y que tiene que cuidarla. Y eso resonaba desde lejos y muy desde la ficción en cosas que yo he tenido que vivir, de estar lejos de mis padres y de repente afrontar la idea de tener que cuidarlos. Queremos cuidarlos, sentimos que es un deber, ¿pero es un deber impuesto o uno llega a un lugar como propio de decir esto es lo que yo quiero hacer? Jugando con esas ideas se cruzaron y ahí surgió esta historia de una hija entre dos madres, una que es de verdad y una madre alternativa.

“No es una película binaria, pretende abrir un espacio de asombro”

Repite con Victoria Luengo tras la experiencia de Suro.
Es un gustazo trabajar con ella porque nos entendemos muy bien, tenemos mucha confianza y luego es una súper actriz, tiene un talento inmenso. Me gusta involucrar a los actores al tiempo que voy haciendo la escritura, porque lo que vamos trabajando conjuntamente luego lo puedo llevar al guion. Estamos muy acostumbrados a involucrarlos cuando está terminado y ya es ensayo. Y esta es una manera distinta, pero puedo hacerlo porque Vicky es una compañera y una amiga.

Iconoclastia e idolatría

Sants refleja las diferentes formas de culto: a Dios, a las imágenes religiosas, a la pasión por el arte y a la figura de un líder.
Me di cuenta que en el fondo robar algo, sacarlo de su sitio de honor, de significado, tiene casi una idea de culto a la inversa. Pero a la misma vez es algo que hay que hacer de forma coordinada, en silencio, con mucho respeto, con la misma artesanía y eso me parecía una paradoja interesante y muy cinematográfica, que los robos tuvieran casi ese punto coreográfico que tienen los propios rituales religiosos.

Empiezas a pensar esas ideas y surgen otras derivadas, la banda que lidera Rosario es también una comunidad, una cadena de favores, que al personaje de Lali le viene muy bien para cuidar de su madre, pero por otro lado es muy piramidal. Hay una líder que ayuda y gente que necesita ser ayudada. Ahí se generan todos esos posibles significados que la película tampoco pretende cerrar, que es interesante que lo percibas y veas los paralelismos entre un eje y otro. No es una película binaria, lo que pretende es abrir un espacio de asombro, donde todas esas ideas puedan redundar para que al final una hija llegue a un cambio.

¿La considera una película iconoclasta?
Pensaba mucho en eso. La iconoclastia es el reverso de la idolatría, pero es la misma moneda. Alguien que le da tanta importancia a un objeto, aunque no lea su significado simbólico de la misma manera que el que lo ha colocado, no deja de tener un componente de rito, de devoción. Son ideas muy interesantes y nos permitía jugar con toda una tradición del cine de robos y de atracos, que tiene su propia liturgia cinematográfica. Lo que pasa que en lugar de ser bancos o ser joyas, en este caso son templos y son cosas que están cargadas de significado para quien tiene esas creencias.

El ladrón de arte sacro más conocido del estado español fue un personaje que se llamaba Erik ‘el Belga’ y en sus memorias hablaba de esta paradoja. No está vivo y no le podemos preguntar cuánto de cinismo había en sus palabras, pero él decía: “yo saco cosas de lugares y cuando se las llevo a los que han pagado para que se las dé esa gente llora de admiración”. Era interesante jugar con esas ideas y con un personaje que está encontrando su camino.

“Los cuidados son muy difíciles de sostener”

Aquí los ladrones de arte son supervivientes. ¿El género nos ha hecho creer que los atracos implican glamour y un plan maestro?
En Sants son personajes que pueden estar un poquito al margen, que no marginalizados. Los cuidados es algo muy difícil de sostener. Vivimos en una sociedad muy sofisticada en muchas áreas, pero por otro lado, es muy difícil solucionarlos, hasta en un sistema garantista socialmente. Es muy tentador que alguien te prometa: yo puedo liberarte de los cuidados hacia tu madre enferma, porque es una carencia sistémica que tenemos.

Había esta idea de una película que juega deliberadamente con el género cinematográfico de los robos y le hace un guiño con el plan de conseguir en una noche un gran golpe. Pero Sants lo trata más desde el personaje y el silencio, la acción coordinada, etc. y no tanto como en Ocean’s Eleven.

Recientemente saltaban las noticias de robos en museos españoles provinciales –Badajoz, Albacete y Villena–, que se suman a los que han sucedido en Europa –en el Museo Renoir–. ¿La realidad siempre supera la ficción?
Cuando rodábamos se produjo el robo del Louvre, que no es un museo de una localidad comarcal. Es casi el museo del mundo y, aún así, sucedió. Nosotros alucinamos. Los robos de arte sacro es algo que ha sucedido en todas las décadas. A diferentes coyunturas, diferentes grados de espectacularidad. No era lo mismo en el franquismo o el tardofranquismo, que las medidas de seguridad eran otras, u hoy en día que supuestamente hay medios digitales más sofisticados, pero aún así suceden. Lo que sí hay seguro es un mercado clandestino, porque sí no la gente no lo robaría.

Después de la buena acogida de Suro, ¿se le abrieron muchas puertas de cara a levantar este proyecto?
Ayudó a que confiasen en nosotros más y eso sí lo sentimos. Me costó más años levantar la primera. Esta ha ido más rápido. Yo creo también que el momento en el que está Victoria Luengo nos ha ayudado. Y luego cuando mostrábamos el guion la gente nos decía que les parecía una película sorprendente, misteriosa, que no se parecía a nada que pudieran recordar.

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