Vicente Villanueva: “La comedia puede contar una historia con mayor dolor y profundidad que el drama”

Por Enrique F. Aparicio · 4 mayo, 2016

Estrena Nacida para ganar, una comedia de hombreras, negocios piramidales y mucha pedrería

Móstoles. Nochevieja. La pequeña Encarna está viendo junto a su familia el especial de Martes y Trece que le cambiará la vida. Un fin de año marcado a fuego con el que intentará reconciliarse ya como mujer adulta. Es el punto de partida de Nacida para ganar, la película anteriormente conocida como Móstoles no es lo que parece o la importancia de llamarse Encarna. En su camino, deberá enfrentarse a viejas amigas, oportunidades de negocio envenenadas y a la mismísima Victoria Abril.

 

¿Móstoles es lo que parece?

Para nada. Es una ciudad maravillosa con mucho potencial en muchos campos. Ese era el título. Ahora hemos ganado otro más.

¿Es esa la motivación de Encarna (Alexandra Jiménez), dejar de ser lo que parece?

El centro de la historia es la presión actual que te hace sentirte mal con ser quien eres. Nos dicen, desde la publicidad y demás, que seremos más felices cuanto menos nosotros mismos seamos y más nos acerquemos a determinadas personas. La economía se basa en eso, en la necesidad de cambiar y dejar de ser uno mismo.

Ella parece conformarse con su vida hasta que se cruza con María Dolores (Cristina Castaño), ¿es la resignación nuestro mayor pecado?

Encarna vive anclada en el tiempo, algo que le pasa a mucha gente. Administramos nuestro universo para quedarnos en una determinada etapa. Encarna tiene el mismo trabajo, el mismo novio, se sigue vistiendo igual… hasta que llega el torbellino María Dolores con lo que parecen nuevas ideas pero, si nos fijamos, está todavía más anclada en el pasado. Es un tema que me interesa porque me parece bastante común: personas que se quedan en un momento de sus vidas y se niegan a asumir cosas nuevas.

La película trata desde la comedia situaciones muy complicadas.

Es una comedia amarga. El guión leído era más divertido, pero yo quería hacer una película como las de los años 60, que te divierta pero con un poso amargo que conmueva.

¿Es el humor la defensa natural ante una situación así?

Claro. El humor es mi visión de las cosas. Les pedía a los actores que actuaran muy en serio, porque el humor está en la situación, no en ellos. El reparto no ha buscado la comedia, ellos se toman en serio, y eso le da ese punto más patético.

La película es un canto de amor a lo kitch, desde los hoteles hasta el vestuario. ¿Le costó dar con el ambiente?

Fue algo dado por la historia, la estética no está subrayada. El proceso de documentación de la historia consistió en salones de boda, gente vestida de fiesta… ese lujo de la clase media baja. Me apetecía mezclar esa visión de película noventera pero rodando como si Móstoles fuera Detroit. Ahí entran las Supremas de Móstoles con esa estética medio yanqui. En vez de jugar al barrio con flamenquito, nos vamos a la Motown, y las Supremas son fantásticas para eso.

¿Cómo surge la colaboración con las Supremas?

Cuando estaba fraguando la historia, me pareció divertido que cantaran en la película. Además entrando en este juego de ficción y realidad, de personajes que se interpretan a sí mismos… Es también un cierto homenaje a las películas de los setenta, como las de los Brincos o los Beatles.

Ellas se interpretan a sí misma, también Victoria Abril, ¿esa idea estaba desde el principio?

Estaba concebido de otra forma, pero cuando pensamos en Victoria, le hice esta propuesta: en Estados Unidos hay un montón de estrellas venidas a menos que prestan su imagen a este tipo de negocios, máquinas para abdominales, etc. Usamos el nombre y la categoría de estrella de Victoria Abril pero el personaje evidentemente no tiene nada que ver con ella. Es muy moderna y entendió desde el principio lo que íbamos a hacer. Nos dijo que por supuesto y se divirtió muchísimo.

El reto es que esto fuera creíble. Lo que yo no quería es que quedara en una cosa anecdótica, sino que se integrara como personaje en la historia. Primero aparece en un anuncio, mientras la historia va por otro lado, luego en una conferencia, donde la propia Encarna se pregunta si es ella de verdad; y luego entra a formar parte de la trama.

¿Cuál es la importancia de llamarse Victoria Abril?

Es una de las mejores actrices del cine europeo. Ha sido genial que haya aceptado entrar en este juego, y además se lo pasó bomba. En España hace pocos papeles, puede que haya una falta de ideas, de personajes o de adecuar algo a ella, aunque es una todoterreno que puede hacer lo que le eches. Ella es una ‘genia’. Es fascinante porque propone todo el rato cosas. Surgió la idea de hacer pequeños guiños a su carrera, guiños para cinéfilos que enriquecen la experiencia de quien ha seguido su carrera.

En realidad el papel está planteado como muy en serio, lo que resulta más desconcertante. Buscábamos bajarla a la tierra para que sorprendiera más, para que dijeras: ostras, es Victoria Abril, habla de su carrera, menciona sus películas… Es algo nuevo, en el cine español no se ha hecho y a mí me divertía esa ruptura de la cuarta pared, y que fuera creíble.

No hacerse el gracioso para serlo

¿Cuál ha sido su planteamiento a la hora de dirigir a las actrices?

Como el guión era tan divertido, la interpretación no tenía que serlo. Repetía a los actores que no se hicieran los graciosos, que la gracia estaba en el guión. Es una cuestión de tono. Me gustó que los actores vivieran tan de verdad una historia así de surrealista. Puede parecer muy loca leída, pero al verla te la crees.

España siempre ha sido un país de cómicos, ¿también de cómicas?

Igual que de cómicos. Pero yo en ellas no pienso como cómicas, sino como actrices. Las grandes de la historia del cine español no se hacían las graciosas: lo eran. Es muy fácil de identificar.

¿Por qué se trata a veces a la comedia como un género menor?

Yo no concibo lo que hago como comedia: es la manera en la que me sale contar historias. Es mi punto de vista. La comedia puede contar lo mismo que un drama, pero de otra manera. Parece que cuando una historia se toma más en serio a sí misma tiene mayor valor, pero a mí no me interesa tanto. Se puede contar lo mismo con, más dolor y profundidad, haciendo una comedia. Para mí no es tanto una decisión de género sino una forma de contar las cosas. Yo soy valenciano, tengo ese carácter mediterráneo, y me sale de manera instintiva.

Lo interesante es que haya voces distintas en la comedia más allá de las fórmulas. Me gusta cuando se mezclan géneros, cuando se juega con el espectador.

¿Cuál es la importancia que le da al corto?

Mis cortos son también mis películas. No hablo de cortos o largos, no han sido un entrenamiento para el largo, son relatos. No tienen la trascendencia de una película, pero yo no me siento novel, siento que llevo muchas películas a mis espaldas, aunque duren 20 minutos.

¿Existe en España una industria en torno al corto que dé oportunidades a los cineastas?

Hay mucho festival, y esto está muy bien. El problema es que se trata de un mundo aislado, al margen de ello nadie sabe que existes. Lo mismo pasa con el cine español, hay tantas películas de las que nadie se entera… Tienen repercusión cuatro o cinco, las demás no se sabe que están ahí.

¿Qué espera de Nacida para ganar?

Me gustaría que la gente la disfrutara, que viera en ella una película diferente y que habla a nuestra generación. Espero que la vean como una comedia inteligente, en el sentido de que trata al público como seres inteligentes.

 

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