Carlos Saura: “Lo mío es un cine de cámara, de pocos personajes y lugares”

Por Chusa L. Monjas · 5 octubre, 2016

El director y guionista estrena una película sobre la música de su tierra, Jota de Saura

Cineasta, escritor, fotógrafo, dibujante, director de escena y amante de los musicales. “No los llames documentales porque no sé lo que son”, advierte Carlos Saura, un aventurero al que le gusta el riesgo y que predica con el ejemplo cuando dice que los artistas siempre tienen que seguir hacia delante. Con una cámara digital colgada al cuello –»tengo más de 700 cámaras en casa»–, el que es uno de los realizadores más destacados del cine español en las seis últimas décadas llevaba años con la idea de hacer una película sobre la música de su tierra, la jota. “Me lo han reprochado muchas veces. Me decían que me había ido a Argentina para hacer tango, a Portugal para hacer fados, a Andalucía para hacer flamenco… Y me preguntaban ¿para cuándo la jota? Yo estaba dispuesto, pero tenía que haber un productor que quisiera hacerla”.

 

Su intención de mostrar la riqueza de la jota, tanto musical como en el repertorio de sus letras y bailes y la variedad de sus registros, es una realidad. El cineasta aragonés vuelve a combinar el cine, la música y el baile, “una de mis pasiones”, en Jota de Saura, producción que presentó en el Festival de Toronto que este viernes, 7 de octubre, se estrena en España. El violinista Ara Malikian, el guitarrista Cañizares, la bailaora Sara Baras, el compositor Giovanni Solima, el gaitero Carlos Núñez, el músico Alberto Artigas y el coreógrafo y bailarín Miguel Ángel Berna colaboran en este musical con el director y guionista oscense que mantiene, a sus 84 vitales y enérgicos años, una gran curiosidad.

“Muchos artistas de flamenco y de fados opinan como yo, he hablado con expertos que están de acuerdo conmigo en la necesidad de la renovación. No hay que falsear las bases, pero sí renovarlas, aceptar otras influencias, ir para delante, no quedarse en lo que está ahí. Muchas veces le dije a Gades que no había que bailar siempre igual, pero cuesta mucho porque hay una ortodoxia que les marca mucho. Como demuestra mi película, la jota también se puede bailar de otra manera”, declara este mito del cine español.

Como en su momento para Florián Rey, la jota ha sido la fuente de inspiración para Saura, cuya madre y hermana bailaban jotas. “La jota siempre me ha llegado, he ido a concursos de jotas, y estuve en un pueblo de Toledo donde se reunieron grupos joteros de todo el mundo. Recuerdo que algunas de las chicas que bailaban con esos refajos se marearon por el calor y la energía de las jotas. Ahora se baila con ropas más ligeras”, cuenta el director, de cuyos musicales, el que le ha resultado más complicado ha sido Fados “porque tenía menos información, y eso que desde niño Amalia Rodrigues era un ídolo para mí”.

Sorprendido de que Jota de Saura se haya vendido en siete países, al autor de Los golfos y La caza no le extraña que sus musicales hayan pegado fuerte en España, como todo su cine lo ha hecho fuera de nuestro país. “Ahora todo el mundo dice ‘¡qué buena era La caza!’, pero en la primera proyección que se hizo para críticos y periodistas españoles, uno de ellos me dijo: ‘Vaya mierda de película que ha hecho’. Pensé que no había nada que hacer con esta película. La caza está bien, pero la que más me gusta es Io, Don Giovanni porque reúne todas las cosas que a lo largo del tiempo me han atraído: la música, la ópera, la falsedad del cine dentro del cine, el artificio que yo reivindico. Es mejor trabajar con la imaginación, a lo Buñuel, Bergman y Fellini, no conformarse con la película costumbrista. Pero claro, esta es una idea mía”.

Contrario a etiquetar su cine –“de joven me preguntaban por mi estilo, que nunca me ha preocupado porque he hecho las películas que me apetecía hacer”–, el que en una época defendió el cine de autor “por lo que fui muy criticado, pero para mí un autor es el que se responsabiliza de lo que hace”, cree que en la actualidad la mayoría de las películas “son previsibles, nada más empezar ya sabes qué va a pasar, pero quizá es lo que demanda el público, sobre todo el de televisión, que está machacando el cine”.

 

Una excepción

Se considera un privilegiado por haber firmado más de 40 filmes, “estar vivo y haber tenido repercusión mundial. Soy una excepción porque siempre he hecho el cine que quería, excepto con mi segunda película, Llanto por un bandido, que la destrozaron en Italia. Por eso hice después La caza, controlada por mí, rodada en 4 semanas, con 4 actores y que no tenía ninguna luz”, dice este espectador de películas de catástrofes, “un cine paralelo que los americanos hacen muy bien”, que le divierte, pero que él no podría hacer porque lo suyo es “un cine de cámara, de pocos personajes y lugares, aunque en ocasiones he hecho producciones más grandes como El Dorado”.

Saura no para de trabajar y, aunque “no tengo tantas facilidades para hacer cine, si fuera francés o alemán…”, tiene listo un guión sobre Felipe II y no pierde la esperanza de rodar la película sobre Picasso, proyecto que iba a protagonizar Antonio Banderas que en su día se tituló 33 días y del que ha escrito un nuevo libreto con la colaboración de Ray Loriga. “Está paralizado y Antonio Banderas estará cansado de esperar. La historia sobre Felipe II es más complicada porque va contra la idea de ese monarca maravilloso. Cuando te metes con la historia de España…Ya me pasó con Lope de Aguirre, me dijeron qué como hablaba así de la conquista española. Pues que se lean las crónica de Lope de Aguirre porque El Dorado era fiel a esas crónicas”.

Sin tiempo para hacer todo lo que quiere, al director de Deprisa, deprisa, La prima Angélica y Ay Carmela no le faltan planes, “pero cada vez es más difícil. Tengo muchos proyectos frustrados (Amor de Dios), otros se van haciendo pero se tarda años en ponerlos en pie. Antes tenía unos productores fijos, Elías Querejeta, Emiliano Piedra, Andrés Vicente Gómez, pero ya no hay productores. Además, ahora hay miles de personas que hacen películas con un teléfono móvil. Antes, el cine, como la fotografía, era más de técnicos, de gente que sabía su oficio”.

Carlos Saura asegura que en España no interesa la cultura. “Menos mal que hay francotiradores que están luchando. ¿Qué político de hoy ha hablado de la cultura? Ninguno. Es imperdonable. Vas a China, a Latinoamérica, a Estados Unidos, y en algunos sitios conocen al Real Madrid y al Barcelona, pero en todo el mundo conocen a Cervantes, Picasso, Miró, Gaudí, Buñuel, a Velázquez… Eso es lo que queda de España y no se dan cuenta. Los políticos piensan que la cultura es una frivolidad, una cosa de vagos que no hay que proteger cuando en realidad es lo que queda. Estamos perdiendo el tren de la cultura”.

La educación es lo único que puede cambiar esta situación, opina el cineasta, que mira con envidia a Francia. “Voy mucho a París y todas las librerías están llenas de gente comprando libros. A mi hermano, el gobierno francés le proporcionó un estudio para que pintara allí. No hay color”, comenta.

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