Descubriendo juntos El desencanto

20 junio, 2019

En memoria de José Salcedo, la última sesión del ciclo ‘Montar, soñar’ exhibió el retrato sobre los Panero que dirigió Jaime Chávarri

No se conocían, era la primera vez que trabajaban juntos y ninguno de los dos sabía qué hacer con el material que tenían en la sala de montaje. Pero desde el principio, se creó una “complicidad absoluta” entre el montador Pepe Salcedo y el director y guionista Jaime Chávarri en El desencanto, película fundamental en nuestra cinematografía que se proyectó en memoria del montador manchego con la que finalizó el ciclo ‘Montar, soñar’ de la Fundación Academia de Cine.

Conocida como ‘la película de los Panero’, El desencanto fue una de las primeras producciones de Salcedo y Chávarri, un encargo del mítico productor Elías Querejeta que se estrenó en 1976, en plena transición hacia la democracia. “Era una película B para Elías, la importante era Pascual Duarte. Pablo G. del Amo era el montador oficial de Elías, que me dijo: ‘hay un chico majísimo, todos hablan maravillas de él’. Era Pepe Salcedo que, muy inteligente, quiso saber qué quería hacer yo y ayudarme en todo el que estuviese en su mano. Siempre estuvo a favor de obra, y juntos fuimos descubriendo la película. El montaje es un trabajo muy íntimo porque estás en pelotas con la película y el montador”, recordó Chávarri.

El cineasta contó que cuando Salcedo vio el material, le comentó ‘¿qué vamos a hacer con esto?’ “Vimos muchísimas veces el material y según lo íbamos viendo, cobraba sentido. A veces, las cosas caen por su propio peso, no hay una explicación racional de por qué se montó así. El rodaje, que fue una sorpresa continua, y el montaje fueron experiencias apasionantes. Pepe me decía ‘¿cómo vas a pedir un travelling y dos cámaras si es un documental?’ Y yo le contesté que en el Festival de Cannes había visto largos documentales, que se podía hacer aquí”.

 

Película de secuencias

Chávarri firmó el retrato de una familia que se destroza delante de la cámara. El recuerdo de la vida del poeta franquista Leopoldo Panero que hace su viuda, Felicidad Blanc, y sus tres hijos, Leopoldo María, Juan Luis y Michi, en Astorga, pueblo natal del padre, catorce años después de su muerte. “Ni Pepe ni yo teníamos conciencia de lo que habíamos hecho. Cuando Pepe y yo enseñamos a Elías Querejeta la película, Elías comentó que pensaba que iba a ser una película de frases, no de secuencias, y Pepe le soltó: ‘¡con lo que nos ha costado!’ Solo cuando Jorge Semprún vio El desencanto y también Pascual Duarte y dijo que las dos le habían gustado mucho, tuve la sensación de que la película podía existir”, rememoró Chávarri.

El realizador madrileño destacó que Salcedo “nunca perdió la paciencia” y que estaba convencido de que el montador disfrutó de la experiencia de este título que abrió las puertas al género en nuestra democracia. Una declaración que Rosa Ortiz, compañera de Salcedo dentro y fuera de la sala de montaje, confirmó. “Pepe estaba muy orgulloso de El desencanto”, destacó Ortiz, encargada de ordenar los miles y miles de metros de esta historia que se editó en una moviola vertical.

 

Tres estrellas de cine

Chávarri, que también recordó a la recientemente desaparecida Carmen Frías, montadora de su ópera prima Los viajes escolares, indicó que, sin ellos saberlo, el guión de El desencanto -título que surgió de la histórica canción de Chicho Sánchez Ferlosio ‘Gallo rojo, gallo negro’- fue de los Panero. “Eran muy potentes, cinematográficamente eran tres estrellas. Hablaban con ritmo, no balbuceaban, tenían criterio gramatical y literario. Había una cláusula moral por la que, si a ellos no les gustaba la película, esta no existía. Hicimos una proyección en el laboratorio y cuando terminó, se miraron entre ellos. Leopoldo María dijo que estaba bien, Juan Luis que le daba igual y a Michi le gustó”, señaló el cineasta, que aseguró que se desechó “muy poco” material de esta cinta que fue prohibida por la censura. “Pero Querejeta fue ganando terreno a los censores, y al final solo cortaron una frase”.

Esta sesión especial de ‘Montar, soñar’ contó con la presencia de varios alumnos de José Salcedo, de quien elogiaron su “paciencia, bondad, generosidad, calidad humana y sus lecciones”. La más importante: el amor y la pasión que sentía por su oficio.

Con el In memoriam dedicado a José Salcedo, Medalla de Oro de la Academia en 2017, finaliza este ciclo que, promovido por los montadores Iván Aledo y Mikel Iribarren, ha dedicado la Fundación Academia de Cine a películas y coloquios con destacados profesionales de este colectivo. Aledo e Iribarren animaron a los asistentes a revisar las filmografías de Jaime Chávarri y José Salcedo, “a quien siempre recordaremos a través de la pantalla. Va por él”, subrayó Aledo al final de esta especial sesión que terminó con los aplausos del público.

 

 

 

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