El cine español de Zabaltegi

24 septiembre, 2019

La sección más abierta del certamen, Zabaltelgi-Tabakalera, será el marco de la serie El fiscal, la presidenta y el espía, de Justin Webster; el mediometraje de Maddi Barber, Urpean Lurra; y de los cortos Leyenda dorada, de Chema García e Ion de Sosa, y Lursaguak (Escenas de vida), de Izibene Oñederra. Los directores de estos títulos desgranan el origen de las historias y como afrontan la presentación en San Sebastián.

Descifrar el enigma | El fiscal, la presidenta y el espía

Por Justin Webster

Todo empezó con una fuerte discusión con Martín Rocca, productor de campo de nuestro equipo, en un descanso durante un rodaje en Nueva York. Martín es argentino. La discusión era sobre la muerte de Alberto Nisman, el fiscal argentino hallado muerto unos meses antes, en enero de 2015. Nisman llevaba años investigando el atentado de la AMIA, el centro judío en Buenos Aires, donde murieron 85 personas en 1994. Su investigación identificó a Irán y su aliado libanés, Hezbollah, como los responsables de lo que fue el mayor ataque terrorista en Occidente antes de las Torres Gemelas, y el peor atentado contra judíos fuera de Israel desde la Segunda Guerra Mundial. Nisman había acusado a la entonces presidenta de Argentina, Cristina Kirchner, de conspirar para encubrir la culpabilidad de los iraníes. Y lo hizo de forma espectacular, en prime time, en la televisión nacional. Cuatro días más tarde fue encontrado muerto en el baño de su apartamento, con un solo tiro a la cabeza.

El país se dividió en los que creyeron que fue un homicidio y los que creyeron que fue un suicidio. Los demonios de la oscuridad, que envuelve la investigación interminable de la AMIA desde hace décadas, invulcrando desde la CIA hasta el espía más temido de Argentina, volvieron mientras la vida y los últimos días de Alberto Nisman se convirtieron en una enigma, o un artículo de fe.

Pero la discusión con Martín no fue sobre qué había pasado. Fue sobre si sería viable hacer un documental sobre esta historia. Él decía que no, que era demasiado peligroso. Después de hacer un documental en Guatemala sobre una historia con paralelismos con esta, no tenía niguna gana de volver a hacer algo tan difícil. Pero discutía con Martín, diciendo que sí era viable, y que el foco de la historia tenía que ser qué pasó, de poder clarificar al menos algo.

Olvidada la discusión, Martín volvió de las vacaciones de Navidad en Buenos Aires en 2015, y me contó que había logrado el acceso a una parte imprescindible de la historia. Ahora no podía decir que no.

Casi cuatro años más tarde, hemos logrado una serie de seis episodios que es, increíblemente, una realización de lo que al final acordamos en la cafetería en Nueva York: una contribución para descifrar el enigma. Ha sido de largo el proyecto más difícil que he dirigido hasta la fecha, imposible de hacer sin un equipo comprometido, talentoso y curtido.

“Es una historia que tiene resonancia y relevancia para todo el mundo”

El hecho de estrenar los seis episodios en San Sebastián, un festival de cine tan importante internacionalmente, cumple varios sueños. Nombro tres. Uno, el reconocimiento a este género (las series de no ficción), o subgénero que tiene tanto potencial, yo diría, civilizador en tiempos de Twitter. Dos, el reconocimiento de la internacionalidad de una historia que parece que solo sería para argentinos, pero en realidad tiene resonancia y relevancia para todo el mundo. Tres, que compite como obra cinematográfica (que, entiendo yo, es igual a historia bien contada).

No podía ser un mejor final de producción para los españoles, argentinos, alemanes y daneses que han contribuido a sostener este proyecto durante tanto tiempo.

Un exvoto fílmico | Leyenda dorada

Por Chema García Ibarra e Ion de Sosa

En el año 2013 nos conocimos en un kebab berlinés, durante el festival de cine. Desde entonces, Chema co-escribió el guión de Sueñan los androides, dirigida por Ion, quien a su vez se encargó de la fotografía de La disco resplandece, dirigida por Chema y ganadora de una Mención Especial en la sección Zabaltegi-Tabakalera del Festival de San Sebastian de 2016. En esta Leyenda dorada compartimos por primera vez la autoría de una película, y es una gran alegría para nosotros volver con ella a San Sebastián este año.

Tenemos mucho en común: el gusto por una puesta en escena austera, los encuadres equilibrados, los planos inmóviles, el amor por los actores no profesionales, el rechazo a la solemnidad y el mismo sentido del humor.

Legenda aurea, conocida también como Lecturas doradas, Letras de oro o Leyenda dorada, es una compilación medieval de textos reunidos por el dominico Jacobo de la Vorágine en el siglo XIII. Este libro, uno de los más populares y traducidos de la época, recopilaba vidas y milagros de santos, desde San Longinos y su lanza clavada en el costado de Cristo hasta la narración del tránsito de la Virgen que, ya anciana, decide morir. Luis Buñuel extrajo de esta obra la historia de San Simeón el Estilita, protagonista de Simón del desierto, película libre y salvaje que situamos como referente artístico máximo.

Leyenda dorada es un cortometraje de ciencia ficción doméstica situado en el marco de un pequeño pueblo de Extremadura. Es una película sobre la naturalización de lo sobrenatural, que pretende abrir interrogantes sobre las fronteras entre la ciencia ficción y la imaginería cristiana. Sabemos que el espectador de hoy está acostumbrado a un tipo de cine que plantea preguntas íntimamente ligadas a sus respuestas. Nosotros, en cambio, queremos lanzar misterios que se han independizado de su resolución. En las tardes de verano, con el manto abrasador estival y el hipnótico mantra de las chicharras, cae un hechizo sobre España. Unas horas mágicas que queremos mostrar como un portal que transporta imperceptiblemente desde lo real hasta lo irreal, desde lo prosaico hasta lo poético.

”Pretendemos abrir interrogantes sobre las fronteras entre la ciencia ficción y la imaginería cristiana”

Durante la escritura y el rodaje de esta película, no entendimos sus diálogos como textos cerrados, sino que quisimos hacerlos brotar espontáneamente de las situaciones creadas en el propio momento de filmar. Ese tono familiar y costumbrista se captura en película de 16mm, con toda la gama de texturas y colores que el formato implica. Hay una gran inspiración en las pinturas exvoto, acciones de gracias populares ofrendadas por fieles que han recibido un don o curación y que pueden verse en centros de peregrinación, apoyadas sobre las paredes o colgadas del techo. Las pinturas se acompañan de objetos como muletas, ropa u órganos esculpidos en cera que representan el hecho desafortunado del que el devoto se ha recuperado gracias a la intervención divina.

Para nosotros, Leyenda dorada es un exvoto fílmico.

Topos en un viaje animado | Lursaguak. Escenas de vida

Por Izibene Oñederra

Estrenar una pieza en el Zinemaldia es una noticia increíble. Lursaguak se ha creado pasito a pasito y desde las entrañas. He tenido la obsesión durante el proceso creativo de que la libertad con que se habían hecho los primeros dibujos llegase al final del proceso, y he intentado contagiar esa libertad al pequeño equipo de gente que ha trabajado en el corto, el músico Amsia, Javier Ucar, el animador Alots Arregi… y, viendo el resultado, creo que contiene una intimidad casi embarazosa. Inventarse una lengua propia para hablar desde una posición muy personal acerca de estar aquí a los 40 años, y que esa visión se muestre en los más potentes altavoces. Eso es lo que significa que la animación se haya escogido para ser mostrado al público en Zabaltegi-Tabakalera. Un sitio que protege y visibiliza el cine experimental. Me alegra mucho.

Lursaguak es una unión de palabras en euskera, significa ‘ratones de tierra’ o ‘topillos’. La idea principal parte de una cita de la pensadora Hélène Cixous, que dice que vivimos esa época en la que millones de topos de una especie desconocida están minando la base conceptual de una cultura que se ha ido construyendo durante miles de años. La cita fue un descubrimiento que dio sentido al pasaje de mi infancia que me venía una y otra vez a la cabeza. Mi madre transgrediendo un mundo rural dominado silenciosamente por los hombres de la familia, –maridos, hermanos, tíos–. Y los niños siempre presentes con los ojos bien abiertos.

La historia principal orbita sobre unas crías de topillo decapitadas. Y esa imagen anclada en mi cerebro de niña sirve para crear otras construcciones poéticas, para crear un inventario de transgresiones perpetradas por mujeres a diferente escala, todas ellas topas de mi historia y protagonistas de un viaje animado, a veces onírico y otras, cuando se habla de la enfermedad, demasiado real.

¿Y qué pinta la figura de la novia en todo esto?, me pregunto. “No sé, salió de no sé dónde y se quedó”.

La animación ha sido realizada a mano, dibujo a dibujo, y pintada de manera que se distinguen las escenas a las que alude el subtítulo, algunas con colores estridentes, otras de una manera más sombría y remarcando la oscuridad. El color ayuda a subrayar las elipsis temporales, las historias dentro de las historias y los cambios de escenario. Creo que el sonido funciona de la misma manera, creador de mundos surrealistas y del costumbrismo mágico, como de esa Navidad de 1987 en la que se comía cuajada hecha por la abuela como de costumbre, mientras esperábamos que en la televisión se le escapara un pecho a la cantante de turno.

Me gusta el metraje del corto. Siento que es la medida justa en la que caben mis historias. Como si hubiese encontrado la carcasa justa que guarda las historias que progresivamente van haciéndose más secretas y solo comprensibles en un visionado más demandante. Historias dentro de las historias como en una matrioska rusa. El corto me permite experimentar con las forma de contar y esa forma inventada de muñecas es amorfa y, como siempre que se toman riesgos, está en fase de construcción.

Paisajes, sueños y archivo | Urpean Lurra

Por Maddi Barber

Urpean Lurra (Tierra bajo el agua) es un mediometraje que explora el presente y el pasado de un territorio en conflicto. En 2003, el pantano de Itoiz inundó siete pueblos y tres reservas naturales en las laderas del Pirineo navarro. El grupo ecologista Solidari@s con Itoiz documentó en video la lucha contra su construcción, que duró más de diez años. Filmaron más de 80 horas de acciones directas, públicas y no violentas. Aquellas personas que lucharon en contra de la construcción sueñan hoy con la tierra que permanece bajo el agua. Imágenes del territorio actual, archivo videográfico y los relatos de los sueños se entrelazan en una pieza que da cuenta de un duelo individual y colectivo que se extiende hasta el presente.

En 2018, realicé un cortometraje llamado 592 metroz goiti (592 metros) que se aproximaba a la vida que quedó tras la construcción del pantano. El corto ponía el foco en todo aquello que quedaba por encima de la cota 592, cota máxima del pantano. Sin ser consciente de ello, el agua se había impuesto como límite físico de mi trabajo. Así surgió Urpean Lurra, desde el deseo de encontrar la forma para acercarme a la tierra que quedó sumergida. Tanto el archivo videográfico como los sueños con las tierras sumergidas parecían puertas de acceso directas al lugar. Por otro lado, elementos del territorio como árboles y postes eléctricos que emergen del agua, o carreteras que se adentran en el pantano, señalaban la continuación de un mundo bajo el agua.

El reto de la película era poner en relación paisaje actual, sueños y archivo, y encontrar la forma de transitarlos. El montaje, en el que trabajé junto a Gerard Ortín y Mirari Echávarri, fue clave para ello. Después de dos semanas de trabajo llegamos al primer corte provisional, que duraba alrededor de 45 minutos. Entonces supimos que sería un mediometraje. Es una duración que siempre me ha atraído. Me parece que te permite profundizar en el universo de la película y hacerlo de una manera sencilla y directa. A pesar de ser conscientes de que distribuir un mediometraje es mucho más complejo que distribuir un cortometraje o un largometraje, nos mantuvimos firmes a la hora de respetar la duración del filme, y confiamos en que encontraríamos los lugares donde enseñarlo. Así, me parece muy importante que exista Zabaltegi en el Festival de San Sebastián. Una sección sin restricción de tiempo donde cortos, largos y medios cohabitan, poniendo en cuestión las jerarquías y normatividad de las duraciones preestablecidas.

Estar en Zabaltegi con Urpean Lurra es un honor. El cortometraje anterior también tuvo su estreno nacional allí, por lo que volver a Donosti con la segunda parte es para mí una manera de cerrar un ciclo. El cine me parece una herramienta muy potente para establecer un diálogo, para compartir una experiencia individual y/o colectiva, para afectar y ser afectado y estoy con ganas de todo eso ocurra.

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