Todas las Penélopes

Por Chusa L. Monjas · 26 septiembre, 2019

Penélope Cruz es una mujer con estrella. La actriz española con mayor empuje internacional ha enamorado al mundo con lo que más le gusta hacer: contar historias. Sin antecedentes familiares, esta madrileña de melena negra lleva casi tres décadas desempeñando un oficio por el que ha recibido el Oscar –es la única actriz patria que lo tiene–, el César de Honor, el BAFTA, el David de Donatello, tres goyas y un premio compartido en Cannes. Agradecida a todos los directores que pensaron en ella para sus películas –Woody Allen, Pedro Almodóvar, Fernando Trueba, Bigas Luna, Alejandro Amenábar, Julio Medem, Fernando León, Sergio Castellito, Ridley Scott, Rob Marshall, Asghar Farhadi…– porque ha aprendido de todo lo que ha hecho y con todos los que ha trabajado, Cruz es el ejemplo de que con ilusión, entrega, sacrificio y perseverancia, no hay límites que se interpongan para alcanzar metas. Coincidiendo con la entrega del Premio Donostia a toda su carrera, cineastas, intérpretes, amigos y su representante hablan del efecto que su presencia produce en la gran pantalla y descubren un poco más quién es esta artista comprometida e imagen de varias firmas. Luces, cámara, acción.

Nos apropiamos el título de Isabel Coixet. Trabajaron juntas en Elegy, la adaptación de la novela de Philip Roth El animal moribundo. “Es una estrella, pero no olvida sus orígenes. Es muy currante y tiene los pies en la tierra. Cuando se implica en un proyecto, va a por todas”, dice la cineasta catalana, que no sabe por qué Penélope comenzar.

“¿Por la star interplanetaria que luce como nadie el escote palabra de honor en la alfombra roja? ¿ Por la mujer trabajadora, disciplinada, entregada, que se mete en cada poro de la piel de un personaje hasta que ya no hay límites, ni fronteras y ni siquiera piel? ¿Por la niña que  fantaseaba con interpretar a mujeres de carne y hueso y cuyo sueño se ha cumplido con creces? ¿Por la actriz que nunca, nunca, nunca está satisfecha y pide siempre una toma más, y otra mas? ¿Por la madre entregada y feliz de dos niños maravillosos? ¿Por la mujer obsesionada con temas y proyectos, que se entrega a los directores con los que trabaja con una generosidad sin límites? ¿Por la artista que un día dirigirá sus propias películas? ¿Por la activista que vive con los pies en este planeta y que siempre está dispuesta a echar una mano para todas las causas justas? ¿Por la chica divertida amante del karaoke, las charadas, el baile y la moda?”. Coixet ennumera todas las facetas de Cruz.

“No sé por cual de ellas empezar , pero sé que todas conviven en esta mujer que, no sé cómo lo hace, pero es cada día más bella. Y más auténtica. ¡Y más… Pe!”.

Comencemos por el principio. Katrina Bayonas tiene olfato para reconocer el talento y diferenciar la buena de la mala interpretación. Cuando Penélope Cruz se presentó a ‘Caras nuevas’, el proyecto que había creado para descubrir talentos emergentes y apostar por ellos, no dudó en ser su representante. ”Una explosión de frescura y belleza entró por la puerta. Tuvo que volver dos veces más, porque el texto que yo había elegido para su prueba no era apropiado para su edad. Tenía 13 años y estaba clarísimo que era una joven excepcional. Belleza, personalidad y, sobre todo, talento. Nunca he conocido a nadie tan decidida, tan enfocada en lo que quería y lo que iba a hacer en la vida con tan pocos años”, evoca.

Su encuentro fue un punto de inflexión para las dos. “Al principio, teníamos varias conversaciones telefónicas al día. De mucho planear, mucha discusión sobre cada paso que tomar, cada detalle. Ahora no hace falta tanta comunicación, pero tenemos el mismo cariño y respeto y, por mi parte, orgullo, alegría y gratitud por hacer este increíble viaje al lado de la niña convertida en icono del cine mundial”.

De su representada destaca “la cabeza tan bien amueblada que tiene y su gran sentido del humor. Me río mucho cuando Penélope y Jordi [Mollà] me imitan sobre cómo hago las pruebas”, cuenta Bayonas, que tiene muchas vivencias y experiencias con Cruz. “Las más importantes son las que cambiaron el rumbo de su carrera, como cuando Fernando Trueba se empeñó en que no había manera de que ella pudiera darle lo que buscaba para Luz, el personaje de Belle Époque. Le envié a Fernando la prueba que hicimos y ya se sabe qué pasó [la cinta logró el Oscar a la Mejor Película de Habla no Inglesa]. Y las diferentes luchas, como retrasar una película que ya estaba en preparación para que pudiera hacer un filme importante en Estados Unidos. Costó muchas y largas noches de teléfono con medio Hollywood”.

La representante de actores valora mucho el Premio Donostia que recibirá Cruz. “Es muy importante y entrañable para ella, porque está en casa. España es su lugar en el mundo y en su corazón”.

Jordi Mollà recuerda como si fuera ayer la primera vez que la vio. Llevaba un jersey de cuello alto. “Qué pelazo, qué sonrisa, qué guapa, qué espabilada, qué simpática, qué arte”. Era la chica del espacio de televisión ‘La quinta marcha’, y cuando gritó el nombre de Mollà en la calle, este se quedó cortado. Pasearon juntos, y meses después los dos estaban haciendo una prueba para Jamón, jamón. Delante de ella “me sentí protegido, guiado, cómplice”. Han hecho seis películas juntos, y en Volavérunt, también de Bigas Luna, se enamoró. “Sabía que cuanto más me enamorara de ella, mejor iba a hacer mi trabajo, porque ella es cine”, declara el intérprete catalán, que ha visto a mucha gente, “de todo tipo y condición”, apasionarse con ella. “Hay poca gente como Penélope. Las chicas quieren ser como ella, pero no saben o no quieren saber todo el esfuerzo, sacrificio, inteligencia, sensualidad verdadera y ancestral, entrega, dedicación y tenacidad que hay detrás y, sobre todo, no pueden entender que el duende, la magia, la luz… se tiene o no se tiene”, expone.

Compañeros y amigos desde hace más de 25 años, se conocen muy bien, tanto que no hace falta que hablen mucho ni se digan cosas trascendentes –“podemos conversar sobre la vitamina B12, la escuela de sus hijos o del chorizo que cuelga en su cocina al lado de la ventana en tu casa”–. Cuando están juntos “seguimos vibrando como cuando nos conocimos. Esta mujer vuela tan alto desde tan joven que hasta los dioses le dan la bienvenida y pronuncian su nombre en todas las lenguas de nuestro planeta tierra”, destaca Mollá, que envía un mensaje que solo la actriz sabe lo que significa: “¡camión!”.

En 1989, cuando llegó a Madrid para estudiar arte dramático, la actriz Goya Toledo se relacionó con Cruz. Un sábado, Penélope le propuso salir juntas por la noche, “pero como vivía en una residencia y tenía horario de llegada, no podía. Me ofreció ir a dormir a casa de sus padres y desde ese día es una hermana más que me regaló lo vida. Conectamos de tal manera que, por muchas vivencias que hayamos tenido ambas, esa magia sigue intacta”.

Fue Cruz, que todavía no había hecho ninguna película, quien le recomendó la Escuela de Cristina Rota y a Katrina Bayonas como representante. Eran inseparables. “Dormía en su casa muchos días de la semana y Encarna, su madre, siempre compraba comida que nos encantaba a las dos. Cenábamos en la cocina y nos pasábamos horas y horas hablando. Alguna vez hacíamos alguna escena que se nos ocurría, y que su padre, Eduardo, grabó en alguna ocasión. La admiro muchísimo por el respeto y la devoción que tiene a su trabajo, pero lo que más me une a ella es el ser humano”.

A la intérprete canaria le resulta difícil vivir la exitosa carrera de su amiga como la viven los demás . “A veces no soy consciente de los logros que ha conseguido, porque no ha cambiado nada en su relación con los amigos y la familia. Sí lo ha hecho la percepción que la gente tiene de ella. Ha ganado muchos premios, tiene el respeto de la profesión y es un referente para nosotras las actrices, y lo que más me impresiona es que sigue manteniendo la misma ilusión del primer día”, aclara.

Son 30 años viajando juntas, riendo, llorando, cuidándose mutuamente y recordando cuando eran jovencitas. “La pillo cuando, inconscientemente, está poniendo algo de un nuevo personaje en su día a día o en una conversación. Su premio en San Sebastián será muy emocionante. Me alegro de todo lo bueno que le pasa porque se lo merece, lo comparte y lo disfruta con todos”, recalca Toledo.

Todo sobre mi madre

Voluntad de hierro y ternura a prueba de bombas

“Gracias a Penélope Cruz, Antonio Banderas y Javier Bardem, la industria del cine mundial se ha dado cuenta que tenemos grandes profesionales en España”. Son palabras de Gabino Diego, que la primera vez que conectó con Cruz también fue en la Escuela Cristina Rota, centro en el que un día se le acercó y le comentó: “le he dicho a mi madre que estoy muy contenta porque tengo la misma representante que Gabino Diego [ambos coincidieron durante un tiempo con Katrina Bayonas]”.

Hicieron juntos Belle Époque y fueron pareja en El amor perjudica seriamente la salud, “proyecto en el que nos sentimos muy a gusto y nos reímos mucho. Penélope ha llenado de encanto todos los personajes que ha realizado, que han ido ganando en madurez. El papel que más me ha impresionado ha sido el de No te muevas, de Sergio Castellito, donde hace un trabajo muy potente y muy serio”, defiende Diego.

Cruz tenía 19 años y era la primera y única opción para ser la chica de Alegre ma non troppo, y a Fernando Colomo le sorprendió “su seguridad, madurez y su facilidad para moverse en el plano –parecía una gacela– y colocar sus frases con una naturalidad impresionante. También era cabezota y sabía salirse con la suya, porque, probablemente, muchas de las veces tenía razón. Era una actriz de los pies a la cabeza”, rememora el director madrileño, que para el chico había pensado en Gabino Diego.

La película se rodaba coincidiendo con el encuentro de la Joven Orquesta Nacional de España en Santander, pero Diego tenía problemas con las fechas y se cayó del cartel. Llamó a Penélope a Nueva York y esta le respondió que se había imaginado todo su personaje interactuando con él, y que al no poder hacerlo, la cosa cambiaba. “En aquel momento vi como mi película se volatilizaba, me lancé al suelo y le dije: estoy de rodillas en la oficina y te pido por favor que no me abandones. No sé lo que pensaría, pero cambió de tema, yo respiré y supe que el peligro había pasado”, recapitula Colomo. Ese personaje lo interpretó Pere Ponce, “que tuvo una química maravillosa con Penélope”.

Lo suyo fue amor a primera vista. Cruz “hipnotizó” a la directora Azucena Rodríguez en Jamón, jamón. “Me enganché a esa actriz que recorría los planos con osadía, con descaro, con un encanto irresistible y un atractivo extraordinario. Acababa de escribir mi primera película, Entre rojas, y cuando salí del cine me juré que iba a conseguir que ella la interpretase”, recuerda Rodríguez, que contó con el apoyo incondicional de la actriz para contar lo que quería y estuvo a su lado cuando surgieron problemas con la producción –corría el año 1995 y de su decisión dependía, ya entonces, que se hiciese o no la película–.

Para Rodríguez, es muy fácil admirar a Penélope Cruz. “Es buena e inteligente. Fuerte y sensible. Posee una voluntad de hierro y una ternura a prueba de bombas. Sus trabajos no solo están llenos de verdad, sino de verdadero peligro. Ella siempre se tira, aunque haya cristales. Interpreta con coraje, valentía y mucho arte, por eso sus personajes son singulares, verdaderos e inolvidables. Se convierte en un instrumento capaz de interpretar las melodías más insospechadas, las más increíbles. Y lo hace con ese encanto, tan difícil de describir con palabras, que te llega al alma y que transmite tan vivamente la alegría de interpretar”, apostilla.

Pilar Bardem compartió reparto con Cruz en Entre rojas y también en Carne trémula. “A Penélope la admiro y amo. Doy gracias a la vida porque muchos de mis momentos de gran felicidad los he pasado a su lado”, indica su suegra.

Prioridad número uno: la familia

Fue su primera entrevista y tuvo lugar en los Monegros, durante el rodaje de Jamón, jamón. En esa conversación, le habló al periodista, escritor y profesor Luis Alegre de su primera escuela de interpretación: la peluquería de su madre –“ella se fijaba mucho en las clientas, en sus gestos, sus maneras, sus tics, su forma de hablar y de caminar. Y luego en casa las imitaba”–; de cuando, a sus 15 años, vio a Victoria Abril en Átame y desde ese momento supo a qué quería dedicar su vida. “Ya transmitía entonces una combinación de rasgos que aún mantiene: enorme pasión por su oficio, una ilusión desbordante y la absoluta determinación de superar un reto detrás de otro“, señala Alegre, que al año siguiente, en el verano de 1992, en Portugal, durante el rodaje de Belle Époque, convivieron varias semanas y se hicieron amigos para siempre.

Entre ellos hay máxima complicidad, es su amiga fraterna. “Pertenece a mi núcleo duro de afectos. Nos sentimos como de la familia, algo muy relevante en su caso. Su familia es la prioridad número uno. La mima, la protege y la quiere de un modo muy conmovedor. Ahora, en sus apariciones públicas, es mucho más reservada y cauta de lo que era cuando la conocí, algo que me parece completamente normal, dado el nivel de exposición al que está sometida de forma constante. Sabe que cualquier cosa que haga o diga se va a mirar con lupa y eso ha disparado su sentido de la responsabilidad. Pero, en la intimidad, sigue siendo la misma de siempre. Penélope tiene mucha gracia”, destaca.

Comenzó por todo lo alto. En Jamón, jamón “estaba deslumbrante. Era un tipo de chica y de actriz muy original, con esa mezcla irresistible de descaro y pudor, vulgaridad y clase, poderío y fragilidad, sensualidad y dulzura”. La cinta de Bigas Luna se estrenó en septiembre de 1992 y Belle Époque en diciembre de ese año. “Sus personajes no pueden ser más diferentes y en ambos está genial”, opina el periodista, que siente debilidad por su interpretación en La niña de tus ojos, que fue decisiva porque cuando la vio Stephen Frears le ofreció protagonizar Hi-Lo Country, su primera película en Hollywood. “Esa Macarena Granada, que volvió a bordar en La reina de España, me parece insuperable“, apunta.

Volver, No te muevas, Loving Pablo, Todos lo saben, la serie El asesinato de Gianni Versace, Dolor y gloria… Si Alegre tuviera que programar un ciclo antológico, elegiría estos títulos, “además de Todo es mentira, El amor perjudica seriamente la salud, Todo sobre mi madre y Vicky Cristina Barcelona”.

“Algún día dirigirá. Siempre ha logrado lo que ni se atrevía a soñar”. Luis Alegre

Son muchas las buenas actrices que ha tenido y tiene España, y Penélope Cruz es la que ha llegado más lejos. “Será muy complicado que alguien la supere. Lo tiene todo: luz, talento, capacidad de trabajo, espíritu de superación, resistencia, ductilidad, desparpajo, belleza, distinción, encanto, carisma, misterio, duende y un amor infinito por su profesión. Y, además, ese nosequé que la convierte en única”, subraya el periodista, que también habla de su lado “hipersensible a las injusticias, a los perdedores, a los vulnerables, que traduce en todo tipo de iniciativas, algunas muy discretas y otras públicas, como el documental que dirigió sobre la leucemia infantil Uno entre cien mil”.

Dirigir un largometraje de ficción es un sueño que no ha abandonado. “Me lo dijo hace 25 años. Incluso, en aquella época, comenzamos a escribir juntos un guión que pensaba dirigir. Algún día lo hará, ella siempre se ha distinguido por lograr cosas que ni siquiera se atrevió a soñar”, asegura Alegre.

Tiene muchos galardones, pero cada nuevo reconocimiento ilusiona a Cruz, que tiene “mucho cariño” al Festival de San Sebastián. “Y el Donostia lo ha recibido gente a la que ella ha querido y admirado mucho, con Fernando Fernán-Gómez en primer lugar”.

Juntos han estado en los lugares más remotos del planeta y siempre hay alguien que se gira a su paso. “Para los españoles, es una bendición que haya cientos de millones de personas que relacionen a España con Penélope, que piensen que somos como lo que ella representa y sugiere. De esa asociación de imágenes salimos muy mejorados”, indica el periodista.

Se han visto crecer, cambiar, ser padres… y mantienen las misma cercanía que cuando tenían 15 años y se acercaron a Romeo y Julieta con la fantasía de que, a lo mejor, algún día conseguían vivir de este oficio. “Es muy bonito cuando mantienes esos amigos con los que compartiste los primeros sueños de ser intérprete”, cuenta Juan Diego Botto, que en el centro de interpretación de su madre, Cristina Rota, además de hacer juntos una aproximación a los desafortunados amantes, vio la escena que hizo Penélope Cruz con una compañera de Las criadas, de Jean Genet. “Fue una de las pocas veces que he visto a mi madre sin hacer prácticamente un aporte crítico a la escena, solo comentó: hay veces que solo cabe el aplauso. Todos los que vimos esa pieza no olvidaremos nunca la profundidad, la hondura, el desgarre emocional, la belleza estética, la sensualidad que había ahí”, cuenta.

Dice Botto que Cruz nunca se conforma, que siempre busca ir un poco más allá. “Sigue investigando para ver qué personajes más puede cubrir, que sentimientos más puede representar, que colores más puede contener. Esto lo tienen los grandes de esta profesión, que quieren ver hasta dónde más pueden abarcar, y eso es muy enriquecedor también para la audiencia porque son intérpretes que nunca van a dejar de sorprendernos, que nos van a aportar cosas nuevas”.

Tener a la que muchos consideran una de las principales actrices del mundo, en palabras de Botto, es “una suerte para España. Está aquí y siempre queriendo contribuir con cosas nuevas, produciendo proyectos en nuestro país, lo que enriquece y agranda nuestra cinematografía”, resalta el actor, que coprotagonizó con ella La Celestina, de Gerardo Vera.

Guapa toda la vida

Han conectado de una manera muy especial. Se han entendido artísticamente en las seis historias que han realizado juntos –Carne trémula, Todo sobre mi madre, Volver, Los abrazos rotos, Los amantes pasajeros y Dolor y gloria– y son muy buenos amigos. “Es una mujer muy tenaz, todo lo que ha conseguido, tanto en lo personal como en lo profesional, se lo ha labrado ella misma, día a día, combinando éxitos y fracasos, a base de intuición, moviéndose continuamente, arriesgándose. Es muy ambiciosa y muy tenaz, y a la vez muy compañera”, recalca Almodóvar.

Son mucho más que un director y una actriz que trabajan juntos. Se quieren, se admiran y han vivido muchas experiencias juntos. “Su principal virtud como actriz es la veracidad, su sentido del humor y del dolor. Todo ello unido a un físico espectacular, una voz peculiar con una entonación original, y esa cosa indefinible que se llama carisma. La mezcla es una bomba”, apunta el cineasta manchego, que siempre abre puertas –la carrera en Hollywood de Penélope Cruz recibió un fuerte impulso gracias a Todo sobre mi madre–.

Y hablando de madres, Almódovar siempre ha visto a Penélope Cruz como el paradigma de la madre española en su versión cinematográfica. “Después de su maternidad real, se halla en su plenitud. Nunca la he visto tan feliz y tan serena. Está desbordante. Aunque sigue siendo una persona inquieta, creo que ha conseguido lo que quería y con quien quería. Físicamente ha cambiado, ya es una mujer, por fin da la edad que tiene, antes siempre parecía demasiado joven. Está muy guapa, pero Penélope va a ser guapa toda la vida. Me encantará trabajar con ella cuando tenga cincuenta años”, admite.

Penélope Cruz y Antonio Banderas se han visto más fuera que dentro de España. Los dos le entregaron el Oscar por Hable con ella a Almódovar, a cuyas órdenes han coincidido en Los amantes pasajeros -“solo fue una mañana de trabajo“– y Dolor y gloria, donde no tuvieron contacto real; los dos estuvieron nominados a los Globos de Oro y a los Emmy el mismo año por encarnar a Donatella Versace y Pablo Picasso en televisión; y los dos han sido galardonados con el Donostia. “Se lo merece muchísimo. Han acertado con este premio”, anota Banderas que, sin desvelar muchos datos, apunta la posibilidad de que pronto filmarán un proyecto en español y con colaboraciones de hispanos. “Nos falta trabajar juntos de verdad, meternos en el barro hasta el cuello. Es una actriz muy sincera de la que destacaría su desparpajo. Es un animal cinematográfico”.

Su historia se inició en Nueva York, cuando Cruz viajó para aprender inglés e introducirse en un universo que conquistó con el tiempo. Allí se hicieron amigos. Luego se mudó a Los Ángeles. “A todo lo que olía español le abría la puerta de mi casa para ayudar, para aconsejar, para lo que fuera. A Melanie [Griffith] le cayó muy bien, se hicieron amigas, íbamos a sus estrenos… La relación siempre ha sido de respeto y de amistad, sin altibajos”, señala el internacional malagueño, que tiene muy presente las risas en su casa angelina haciendo paellas, sus reuniones de los viernes y los sábados en los que también estaban Javier Bardem, Óscar Jaenada y Pau Gasol probando juegos de mesa y compartiendo noticias sobre lo que se estaba cociendo; la noche que se hizo con el Oscar a Mejor Actriz de Reparto en sus manos por Vicky Cristina Barcelona –“casi se me saltan las lágrimas. Penélope con su traje precioso con esa estatua que brillaba y sus ojos tan abiertos, los mismos que vi en esa jovencita en Nueva York con tantos sueños”– y, cómo no, el momento en que los dos le entregaron a Almodóvar su eunuco dorado por Hable con ella. “Habíamos acordado que, si lo ganaba Pedro, los dos íbamos a gritar su nombre a la vez. Pero cuando vi el nombre de mi amigo en la tarjeta se me olvidó”.

Le cautiva La niña de tus ojos –“había algo muy fresco, muy natural que no ha perdido con los años”– y los papeles que ha encarnado en las cintas de Almodóvar: “el personaje de Volver lo resuelve maravillosamente. Penélope tiene otras virtudes que ayudan a la actuación y dan un plus a su carrera, y es que es una mujer increíblemente lista, sabe leer muy bien la realidad en la que está, las situaciones, los eventos, y sabe posicionarse en ellos. Con todos los mitos que hay allí es muy complicado llegar a Hollywood y saber buscar tu espacio. Llega un tsunami de talentos todos los años y de todas las partes del mundo, con mucha capacidad y con un nivel de competición altísimo“, explica.

Penélope y La Odisea | Por Gustavo Salmerón

“Usted tiene sobrado talento mi querido muchacho para admitir enseguida la terrible guerra que la mediocridad declara al hombre superior (…) En una palabra sus cualidades se tornarán defectos, sus defectos vicios y sus virtudes serán crímenes” . Honoré de Balzac, La Misa del Ateo.

Todos hemos oído hablar de lo importante que es disfrutar del proceso, que no importa tanto el resultado como la experiencia que atravesamos en cualquier proyecto creativo. Estoy de acuerdo, pero me resulta tan obvio que siento que ha perdido su significado. Casi nadie habla, sin embargo, del resultado como final del trayecto y de la importancia de preguntarnos ¿Qué actor quiero llegar a ser?

Decir, “quiero ser actor” es demasiado general y, como decía Stanislawsky, “lo general es enemigo del arte”. El actor debe precisar, apuntar y definirse con la ayuda de referentes y una declaración de intenciones forjada a lo largo de los años.

No es lo mismo querer llegar a ser un actor como Marcelo Mastroniani que como Marlon Brando. Siendo los dos actores únicos y extraordinarios, el camino para llegar a ser un actor u otro es distinto. Por eso me interesan los actores con un visión que vaya mucho más allá de lo inmediato. Algunos lo llaman ambición con una connotación peyorativa, yo lo llamaría claridad. Visión. Saber qué te hace único y diferente.

Si nos preguntamos, qué vuelve a un actor único, podríamos decir, entre otras cosas: la expulsión de los demás, porque es más fácil aceptar lo mediocre que lo extraordinario.

La mayoría juzga el trabajo de un actor como “bueno” o “malo”, palabras reduccionistas heredadas de la religión y actualizadas a un ambiente digital del “me gusta” y “no me gusta”. En ocasiones, este “no me gusta” no está justificado y tiene que ver más con la dificultad para apreciar lo diferente, lo único. La seguridad de aquel que no necesita el beneplácito de los demás, sino el terrible juicio de sí mismo para definirse.

La verdadera experiencia está en experimentar lo distinto. Solo a través de eso que en una primera instancia rechazamos, o que no sabemos explicar por qué no nos gusta, seremos capaces de transformarnos. ¿Qué significa transformarnos? Aceptar lo único y extraordinario. Tratar de averiguar por qué algo no nos gusta es un trabajo arduo. La respuesta más sencilla es porque sí, porque no me gusta, porque es lo que la mayoría dice. Y nosotros realmente no queremos ser diferentes de la mayoría, aunque digamos lo contrario. Pero la respuesta llega cuando, al distanciarnos de lo regular, de lo normal, de lo mediocre, nos encontramos con lo auténtico, lo único, lo especial, lo atípico, y esto siempre será un maravilloso misterio.

Con el valor de querer saber, el conocimiento llega para redimirnos. Cuando nos tomamos el tiempo necesario para conocer a ese actor, para seguir su carrera, sus hallazgos interpretativos, para entender cuál es su carácter, su personalidad, su visión del arte, su forma de trabajar, cual es el camino que con diligencia ha seguido para encontrar y encontrarse, es cuando aceptamos su alteridad, su misterio, su seducción, su superioridad, cuando aceptamos que no solo “me gusta”, sino que debe brillar por ser quien es, extra-ordinario. Y el camino de Penélope no es otro que el de brillar eternamente.

• Gustavo Salmerón es actor y director. Trabajó con Penélope Cruz en Todo es mentira
y Lluvia en los zapatos.

 

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