Los paisajes de Lois Patiño | Encuentro en la Academia

Fotografías de ©Raquel Serrano · 20 octubre, 2020

El cineasta gallego estrena el 30 de octubre su segunda película, Lúa vermella.

Con un pie en el arte contemporáneo y otro en el cine, y poseedor de una obra con una visión muy singular, concentrada en “la capacidad de asombro” ante los paisajes, Lois Patiño continúa con su búsqueda de nuevos lenguajes. “Llevo grabado a fuego la frase: ‘otras formas de mostrar, traerán otras formas de pensar”, reconoció el que es uno de los exponentes fundamentales del Nuevo Cine Gallego en la visita que hizo a la Academia, que proyectó su segunda película, Lúa vermella.

“Mis películas suelen partir de un aspecto formal del cine que quiero explorar”, destacó Patiño, que sigue profundizando en el imaginario fantástico gallego en esta historia que se alzó con la Biznaga de Plata a la Mejor Película Española de la sección Zonazine del último Festival de Málaga, y que el próximo 30 de octubre presenta al público.

Cortos, video-arte y largometrajes salpican la carrera del autor de Costa da Morte, ópera prima que viajó por todo el mundo y con la que Lúa vermella comparte espacios. “Se adentra en la Galicia del mar comprendiéndola en su dimensión física e imaginaria, donde realidad y leyenda se funden, y donde el mar y la muerte se entrecruzan con toda su carga evocadora”, explica. La realidad es la de El Rubio de Camelle, un buzo que recuperó más de 40 cadáveres de náufragos en esta zona de la costa galaica. “La directora de arte de la película –Jaione Camborda– me habló de El Rubio, cuya historia encajaba con los temas que quería trabajar, sobre todo el del proceso de duelo. Cuando el cuerpo no aparece, el espíritu se queda atrapado en un limbo y no puedes acceder al más allá –de ahí la expresión ‘alma en pena’– y las familias no pueden despedirse. Y El Rubio, que es un buscavidas, ayuda a las familias y a los náufragos”, dijo.

Una mirada de extrañamiento con el mundo

El Rubio, las meigas, la Santa Compaña, el mar, y, aunque quería explorar otros paisajes, la vuelta a Finisterre. “Mi cine se basa mucho en la capacidad de asombro ante el paisaje, es una mirada de extrañamiento con el mundo. Siempre me interesa la idea de la disolución del yo en el paisaje, por eso, aunque sea una película de paisajes siempre necesito a la persona humana”, reiteró Patiño, que confesó que escribió los diálogos de la cinta cuando estaba montando, tarea que realizó con dos colaboradores.

En Lúa vermella también firma la fotografía, labor que en sus dos próximos proyectos ha confiado a Mauro Herce (Goya a la mejor dirección de fotografía por O que arde). “Filmaré en las Azores con Matías Piñeiro, que hace un cine opuesto al mío, Ariel, la adaptación de ‘La tempestad’, de Shakespeare”, desvela Patiño, que también cambiará de campo con la producción “más etnográfica y antropológica” con las que viajará a Laos y a Zanzíbar.

Miembro del Nuevo Cine Gallego, movimiento que ya ha cumplido una década del que han surgido Oliver Laxe, Eloy Enciso, Diana Toucedo, Eloy Domínguez Serén… “El cine gallego de antes era más industrial y sin visibilidad en el extranjero. Somos muy amigos, colaboramos los unos en las películas de los otros, el éxito de uno es el éxito de todos, los contactos que hace uno nos sirven a los demás…Y lo bonito de este movimiento es que cada uno hace su búsqueda con un lenguaje personal”, indicó Patiño, que no se olvidó de agradecer a los festivales gallegos la labor que hacían como puntos de encuentro entre ellos.

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