Daniel Monzón: “Los personajes deben atraparte y conducirte por su peripecia emocional”

Por Chusa L. Monjas · Fotografías de Carolina Abatan-Sacramento · 25 septiembre, 2021

Clausura San Sebastián con Las leyes de la frontera, una historia de amor “desgarradora, conmovedora y de amistad”

Daniel Monzón acaba haciendo lo que desea ver como espectador. Y cuando una historia se le “mete dentro”, la rueda sin plantearse si va a ser un salto en su carrera o, por el contrario, un paso atrás. “Yo, como Indiana Jones, voy improvisando sobre la marcha”, comenta entre risas el director y guionista mallorquín, que reincide en el mundo de la delincuencia con Las leyes de la frontera.

Después del drama carcelario Celda 211 y del policíaco El niño, firma con su guionista habitual Jorge Guerricaechevarría esta adaptación de la novela homónima de Javier Cercas que clausurará Zinemaldia y que comienza en el verano de 1978, cuando Gafitas –Marcos Ruiz–, un introvertido estudiante de 17 años, conoce a Zarco –Chechu Salgado– y Tere –Begoña Vargas–, dos delincuentes juveniles del barrio chino de Gerona, e inicia una carrera de robos y atracos que cambiará su vida.

Cinematográficamente, parece encontrarse a gusto en el mundo de la criminalidad.

Más allá del contexto de delincuencia en el que sucede la novela, lo que me conmovió fue la romántica historia de amor.

Me quería retirar un poco de ese mundo que tenía que ver con el lumpen, y ese aire fresco fue la historia de amor entre un chico de clase media y una quinqui.

Conecté mucho con la novela, porque yo era un chico como Gafitas. No me pasé al lado salvaje, pero sí tenía esa rebeldía del adolescente que te empuja a soñar con saltarte las leyes, las convenciones, con enamorarte hasta las trancas. De chaval, tuve muy cerca el mundo de los quinquis, vivía al final de la ciudad y desde la ventana veía los descampados, me cruzaba con ellos en clase, en los recreativos, incluso alguna vez me atracaron. Por su modo de vida, me producían una mezcla de fascinación y de temor.

Sus protagonistas viven una historia de amor y de amistad.

Es un triángulo muy especial. Gafitas también es un chico que se encuentra fuera de lugar porque el que supuestamente es su mundo, su clase, no le quiere, le tratan mal… lo que no deja de ser la tragedia de todo adolescente. La sociedad le empuja a cruzar la frontera, y ahí encuentra amistad, camaradería, amor y adrenalina.

El compañerismo y las relaciones entre personajes de orígenes antagónicos son temas omnipresentes en los libros de Cercas.

Sí. También mis películas Celda 211 y El corazón del guerrero mostraban cómo mundos que parecen tan distantes, emocionalmente están mucho más cercanos. Lo importante entre los seres humanos es lo emocional, pero la sociedad trata de encasillar a las personas, las mete en una celda y no las deja pasar de un sitio a otro. La historia de amor y de amistad de Las leyes… se ve condicionada por las normas de la sociedad.

Desde la estilización

Eloy de la Iglesia, José Antonio de la Loma y Carlos Saura, entre otros, han llevado a la gran pantalla la realidad de la juventud quinqui, un fenómeno que surgió a finales de los setenta, época a la que ahora usted regresa.

Respeto y disfruto del cine de Eloy de la Iglesia, me parece de una valentía, una provocación y de una crudeza… José Antonio de la Loma es parte de la historia del cine español, y me gusta mucho Deprisa, deprisa. La particularidad de esas películas es que las interpretaban los propios quinquis, por eso tenían ese valor documental. Ya no tienes esos quinquis, por lo que hubiese sido ridículo hacer una película tratando que fuera como aquellas.

Como lo plantea la novela, este universo está recreado de una forma estilizada, sofisticada, casi romántica. Es el recuerdo del protagonista que evoca aquella época como la más emocionante de su vida. Verlo a través de sus ojos me ha permitido esa estilización. Todo, desde la dirección de arte al vestuario, es una recreación exacta de la época, pero desde el lado lleno de vida, de energía, porque estamos contando una historia de amor desgarradora, conmovedora y de amistad.

¿Se ha acordado de algún título mítico de aquellos años?

No. Los hemos revisado todos, pero no me gusta hacer referencia a una película en concreto. No hay homenajes, hay un aroma de todas ellas. Lo importante de las películas es que los personajes te atrapen, te interesen y te conduzcan por su peripecia emocional.

Las leyes… reivindica la figura femenina en el género.

Sí, esto está en la novela. Gafitas se pasa al otro lado por ella, el Zarco da su vida por ella. Tere es una mujer enigmática, misteriosa, bellísima y fuerte. Es un personaje femenino arrollador.

Cuenta con un reparto joven y poco conocido.

Quería recuperar esa frescura de aquellas películas interpretadas por gente de la calle, esa fuerza y energía callejera que tienen los chicos que forman parte de la banda, para los que es su primera película. Tuvimos que parar por la pandemia, pero seguimos ensayando en reuniones por zoom. Para crear ese vínculo de banda, esa amistad que exuda la película, les pedí que se dejaran el pelo largo durante los meses que estuvimos encerrados, que se vieran en el espejo y se fueran transformando en los quinquis que acaban siendo. Y todo esto lo alimentaba con música, periódicos y películas de la época.

Le tengo que preguntar por Javier Cercas.

Es un autor maravilloso, generoso y divertido. Entendió que para ser fiel a la novela tienes que ser infiel a la letra.

Su película echa el telón a Zinemaldia, certamen en el que empezó a hablar y a escribir sobre cine.

Es un privilegio y un honor cerrar este festival en el que he disfrutado muchísimo. No soy competitivo, hago cine para que le llegue al público, así que estoy en el puesto idóneo porque la película va a poner el broche de oro a diez días de cine.

Cine fantástico (El corazón del guerrero), comedia disparatada (El robo más grande jamás contado), thriller (La caja Kovak), drama carcelario (Celda 211, que logró 8 Premios Goya), policíaco (El niño)… No es de los que se anquilosan en lo que ya han hecho.

Cuando me embarco en una película es porque la siento profundamente, porque me afecta emocionalmente y quiero compartirla.

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