Fallece Josefina Molina, revolucionaria directora de cine

Fotografías de ©Enrique Cidoncha · 30 mayo, 2026

Goya de Honor 2012, Molina dedicó su vida a luchar por el derecho de las mujeres a contar historias.

Pionera, visionaria, arriesgada, luchadora y feminista, este sábado ha fallecido en Madrid Josefina Molina, con 89 años. Fue una de las pocas mujeres de su generación que pudo dedicarse a la dirección y que trató de hacer del cine un espacio donde la mujer también pudiera sentirse representada. Directora de cine y teatro, guionista, realizadora de televisión y novelista, Molina se valió de todos los medios que le fueron posibles para contar sus historias, luchando siempre por ser fiel a su mirada.

Nacida en Córdoba en 1936, poco después de que estallase la Guerra Civil, Josefina Molina pudo disfrutar de una infancia sin privaciones y asistir a buenos colegios. Aprecia la literatura desde adolescente, y, con quince años se queda fascinada con El río, de Jean Renoir, naciendo así su vocación por contar historias a través del cine.  Sus primeros intentos por hacerse un hueco en el mundo del espectáculo llegan pronto: es asidua a los videoclubs y coloquios sobre cine; funda una compañía de teatro con la que dirige cuatro obras; y en 1962 colabora en el programa de radio Vida de espectáculo con la sección feminista “La mujer y el cine”.

Se matricula en dirección en la Escuela Oficial de Cine, donde sus primeros trabajos ya contendrían algunos de los elementos característicos de su filmografía. Se trataban de cortometrajes donde las protagonistas eran mujeres que escapaban de los estereotipos femeninos del cine de la época y que trataban de abordar desde una mirada femenina temas poco tratados entonces. Aunque esos primeros proyectos fueron juzgados duramente por sus profesores, Molina consiguió graduarse en 1969 en Dirección, la primera mujer en conseguir ese mérito en la EOC.

Combinó sus estudios con su labor de ayudante de realización en Televisión Española, hasta que en 1968 le encargan dirigir La metamorfosis, de Kafka, comenzando así a afianzarse como una de las principales realizadoras de La 2.  De su trabajo en la televisión destaca su adaptación de El camino, basada en la obra de Miguel Delibes, y Teresa de Jesús, con Concha Velasco en el papel de la santa y un guion escrito junto a Carmen Martín Gaite. En esta última, Molina descubre en Santa Teresa a “una mujer interesantísima, una mujer que en el siglo XVI ya había hecho cosas que hoy nos parecerían imposibles de hacer en ese momento”, centrándose en el aspecto más humano y feminista de Teresa, un retrato que nadie había hecho hasta entonces.

Su salto al cine llega en 1973 con la adaptación de Vera, un cuento cruel. Protagonizada por Fernando Fernán-Gómez, Julieta Serrano y Alfredo Mayo y con un guion en el que participó Lola Salvador Maldonado, se trata de un cuento de terror psicológico, un enfoque poco común para el género en esa época. Su próximo trabajo cinematográfico llegó seis años después, participando en Cuentos eróticos, donde dirigió uno de los relatos que conforman la película, La tilita. Con Esquilache conseguiría 12 nominaciones a los Premios Goya, incluyendo Mejor Película y Mejor Dirección, y tres años más tarde estrenaría la última película que dirigió, La Lola se va a los puertos, adaptación de los hermanos Machado con Rocío Jurado y Paco Rabal.

 

Pero su cénit como directora fue en 1981 con Función de noche, un largometraje a medio camino entre la ficción y el documental donde los actores Lola Herrera y Daniel Dicenta se interpretan a si mismos y mantienen una descarnada conversación sobre el fracaso de su matrimonio. Una película rompedora, donde Herrera habló sin tapujos sobre como asumió desde niña los dictados de las leyes patriarcales y las consecuencias que tuvieron en ella. “A las mujeres les hacía falta hablar de sus cosas, expresar lo que sentían”, un trabajo que Herrera y Molina hicieron sin miedo, tocando temas delicados entonces como la insatisfacción sexual de la actriz, la normalización de las infidelidades de su marido o el desentendimiento de este por sus hijos tras su divorcio.

“En mis películas siempre hay un personaje femenino que lucha contra la opresión”, una heroína que tiene que hacerse un hueco en este mundo agresivo contra la mujer de la misma manera que lo hizo ella. “En un momento determinado hicimos algo que parecía difícil: hacer aquello que nos gustaba. Por tozudez hicimos posible lo imposible para lograrlo”, explicaba sobre la lucha junto a sus compañeras Pilar Miró y Cecilia Bartolomé. Para allanar el camino de las futuras cineastas, funda en 2006 la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales (CIMA), de la que era Presidenta de Honor, junto a Inés París, Chus Gutiérrez, Itziar Bollain, Helena Taberna e Isabel Coixet, entre otras muchas profesionales.

Foto: ©Alberto Ortega

Consigue en 2012 el Goya de Honor, siendo la primera mujer directora de cine en llevárselo. Un premio que agradecía por la representación que suponía para las próximas cineastas y que dedicaba a todas ellas que no tuvieron su misma suerte. La realizadora cordobesa fue también laureada con la Medalla de Oro al mérito en Bellas Artes, el Premio Nacional de Cinematografía y es la primera directora de la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Además, era patrona de la Fundación Academia de Cine.

Josefina Molina fue una de las directoras más valientes de su generación porque se atrevió a hacer lo que quería, un acto que supuso una revolución. Ella decía que “para ver el mundo con relieve tienes que tener dos ojos y la Humanidad lleva demasiado tiempo tuerta”, reivindicando así la importancia de tener autoras que puedan explorar y crear sin limitaciones. La lucha porque las mujeres puedan contar sus historias sigue presente y ha sido gracias al valor de cineastas como Josefina Molina que hoy se empieza a normalizar lo que hace cuarenta años parecía imposible.

El velatorio tendrá lugar en el Tanatorio de Boadilla del Monte a partir de las 16:00 horas.

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