Construyendo una despedida | Encuentro con Lino Escalera y Pablo Ramón

25 mayo, 2017

Lino Escalera y Pablo Remón comentan en la Academia con el público la recien estrenada No sé decir adiós

Lino Escalera acaba de estrenar en salas su ópera prima, No sé decir adiós, y se queda con que «esta familia pueda servir de espejo para otras». Este cineasta pudo contar para su primer filme con Juan Diego, Nathalie Poza y Lola Dueñas, «tres de los mejores actores de este país», y con Pablo Remón como guionista, que construyó un texto «con el que todos nos sentíamos pisando un suelo muy firme». Director y guionista comentaron ayer con el público de la Academia esta película en la que «tres personajes transpirando de una manera muy torpe logran construir una despedida, incluso en los silencios o las conversaciones más cotidianas».

A Lino Escalera el personaje interpretado por Nathalie Poza, que le valió la Biznaga de Oro a la Mejor Interpretación Femenina de Reparto en el pasado Festival de Málaga, le «daba patadas. Me interesaba esa capacidad que tiene de negación de la realidad, esas personas que se blindan de manera tan férrea en el día a día». Pablo Remón en esta historia pretendía «contar esas dudas, el desamparo que se vive en los hospitales. Me interesaba narrar cómo nos enfrentamos a la muerte de una manera realista».

Querían hacer un filme «muy de verdad» y, como apunta Remón, «la vida no viene en géneros, viene mezclada». Para Escalera, «el humor aparece de manera muy orgánica en la película, no estaba buscado». Ambos tuvieron claro que en este largometraje también «cobraban mucha importancia las cosas que se quedaban fuera de plano», aseguró Remón, para el que no tiene sentido el concepto de ser fiel al guión, «hay que ser fiel a la película, porque el guión es una cosa que sigue cambiando durante el rodaje y no termina de escribirse».

Presente en la sala, el productor del filme, Damián París, dio fe de lo costoso que fue el proceso de financiación de la película manifestando que se encontraron muchas negativas durante años, «finalmente nos lanzamos a hacer la película solo con una ayuda del ICAA de 250.000 euros. Entró después Canal Sur y finalmente el coste de fueron unos 400.000 euros». Aunque esos son los números, «la película se ha hecho gracias al esfuerzo de mucha gente que se ha volcado en trabajar en ella no cobrando lo que debían. Por eso el valor de esta película es mucho más grande».

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