Desafío y consecuencia | Oreina (Ciervo)

Por Koldo Almandoz · 25 septiembre, 2018

El director de Oreina analiza este filme, con el que viaja al Festival de San Sebastián en el apartado de Nuevos Directores

Como si el tiempo fuera río,

Como si el río fuera tiempo.

En Oreina (Ciervo), encontramos varios personajes cuyas vidas confluyen y se entrelazan. Khalil, un joven desarraigado que se busca la vida como puede y pasa los días junto a un viejo furtivo que comparte casa a la orilla del río con un hermano con el que no se habla desde hace años. Joana, una joven que busca cambiar de aires para escapar de un futuro demasiado previsible. Y la guardabosques, cuya única motivación es hacer su trabajo eficazmente.  Todos viven e interactuan en la periferia de la ciudad, allí donde los polígonos industriales confluyen con el río y la marisma. Y en este entorno, serán las mareas las que marcan el tiempo del amor y el desamor, de la amistad y la venganza.

Oreina es un desafío y una consecuencia. Una propuesta distinta a los trabajos que he realizado hasta ahora. Mi primera película de ficción basada en personajes. Una historia realista que huye de la mirada personal –ese concepto tan conservador–. Dicho esto, también siento que Oreina es la consecuencia de mis anteriores trabajos. De largometrajes como Sîpo Phantasma (2016) o de distintos cortos y piezas más experimentales. Y Oreina es básicamente el empeño de Txintxua Films,  y su productora Marián Fernández, por sacar adelante este proyecto siendo coherente y consecuente con una forma de hacer y entender el cine. Sin olvidar la complicidad de su equipo.

Oreina es sobre todo una película río. Un proyecto que ha ido cambiando y transformándose a medida que lo íbamos haciendo. La película que empezamos no es la misma que la que hemos acabado. No es la película que escribí, y es esto lo que más me gusta de Oreina. Hay algo esotérico en esto del cine. Con cada localización descubierta por casualidad, cada cambio de tiempo, cada frase o movimiento improvisado por un actor, el azar transforma la historia. Es imprescindible sentir que la película está viva y respira por sí misma. Nunca puedes hacer la misma película, así como nunca te puedes bañar en el mismo río.

Oreina es también un film periférico. Una historia que habla de gentes que normalmente no aparecen en las películas y de espacios que en nuestro tránsito diario nos son invisibles. Como recientemente ha dicho Nobuhiro Suwa, “el cine actual ha olvidado la vida. Es como si, de repente, solo interesaran historias que nada tienen que ver con nosotros. La ficción se ha convertido antes en un lugar de huida o extrañamiento que de reconocimiento”. Cuando el espectador vea Oreina en el cine –sí, en el cine–, tenemos la esperanza de que no le sea ajeno. Que tenga la sensación de que el río sigue fluyendo mientras está en la sala y que lo que está viendo en pantalla es a fin de cuentas…la vida.

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