Incursión al caos | Encuentro con Gaspar Noé

9 octubre, 2018

El director Gaspar Noé mantiene un encuentro con el público de la Academia después del pase de Clímax

“En la vida vamos, constantemente, del orden al descontrol. Es como una montaña rusa”, arrancó Gaspar Noé, que en su última película “francesa y orgullosa de serlo”, Clímax, adentra al espectador en un delirio in crescendo hacia el caos más extremo. La cinta, ganadora en la Quincena de Realizadores de Cannes, compite en el último Festival de Sitges.

La cámara sigue las espaldas de veinte bailarines tras el consumo de una sangría adulterada con LSD, planteando “tres cortes, con aforismos desde la vida a la muerte. Y es que, lo mismo que puedes construir algo en minutos, también puedes destruirlo en el mismo tiempo. Los personajes del filme hacen eso mismo porque vivir es una imposibilidad colectiva. Y como en toda guerra, mueren los más frágiles”, explicó el director en un encuentro con el público de la Academia, moderado por la periodista Beatriz Martínez. Aunque la primera de esas tres partes estaba previsto que durara cinco minutos, “se extendió a cuarenta y cinco para que cada bailarín pudiera mostrar su propio universo”, para pasar más tarde a su infierno personal.

De la misma manera, la película creció a medida que la rodaban. “Había una estructura narrativa, pero dejé opción a que se cambiaran cosas todo el rato. Cada vez nos surgían ideas más divertidas y disparatadas. También se me ocurrió que podíamos grabar el exterior con nieve, así que utilizamos un dron para la escena inicial y aproveché las entrevistas que hice a cada actor para incluirlas al principio del todo y profundizar más en los personajes”, explicó.

Las coreografías fueron otro experimento para Noé: “Nina Mcneely tuvo dos días para crear la coreografía principal y la grabamos el primer día de rodaje. Después, grabamos varias escenas con el dron hasta que fueron utilizables. Hay cosas que se hacen como un impulso y esta película es una de las cosas más rápidas que he hecho en mi vida. En quince días había finalizado el rodaje”.

Canciones que el realizador bailaba de adolescente –“desde techno o house hasta Angie de los Rolling Stones, aunque también aparecen temas originales para la película de Thomas Bangalter, integrante de la banda Daft Punk”–, acompañan a los danzarines por un pasaje del terror ambientado en los años noventa.

El cásting de la película pasa desde dos actrices profesionales, Sofía Boutella y Souheila Yacoub, hasta un contorsionista congoleño que Noé descubrió en Facebook. “Es el que más miedo da de toda la película”, bromeó el cineasta.

 

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