Solucionar nudos | Encuentro con Daniel Sánchez Arévalo, Nacho Sánchez y Biel Montoro

2 octubre, 2019

El director y los protagonistas de Diecisiete presentaron su nueva película en la Academia de Cine, tras su paso por la sección oficial del Festival de San Sebastián fuera de concurso

La relación entre un adolescente interno en un centro de menores, Héctor (Biel Montoro), que se escapa para buscar a su perro, y su hermano mayor, Ismael (Nacho Sánchez), es el centro de Diecisiete, el regreso de Daniel Sánchez Arévalo a la gran pantalla. Del mismo modo que los hermanos se embarcan en “un road trip emocional solucionando nudos”, el director madrileño definió así su relación con el séptimo arte, una burbuja donde solucionar nudos a la que ha vuelto después seis años en los que –además de publicar su novela La isla de Alice y rodar publicidad– se ha dedicado a “vivir, que es muy importante para los que contamos historias, ahora siento que soy mejor director”.

Tras la proyección de Diecisiete, protagonizó un encuentro con el público de la institución, acompañado por Sánchez y Montoro, donde director e intérpretes desgranaron las claves de su largometraje: vuelta a sus orígenes, máxima sencillez, amor a los animales y la enseñanza de aprender a perder.

En su quinto largometraje ha optado por un reparto desconocido, dejando de lado a su elenco fetiche, Antonio de la Torre, Raúl Arévalo y Quim Gutiérrez. “Ni siquiera me permití un cameo”, bromeó el realizador, que considera que su mayor mérito no está en la dirección de actores, sino en la elección. “Los elijo muy bien y dejo que desarrollen su talento, a veces no hago más que darles un espacio y un vehículo”, explicó Arévalo, que venera y respeta a los intérpretes porque “mi madre es actriz y la he visto desde pequeño trabajando y he visto la pasión que pone en construir personajes”.

Los chicos “Sánchez Arévalo”

Al igual que el resto de hombres del universo de Arévalo, los hermanos de la cinta se caracterizan por mostrar su vulnerabilidad y sus sentimientos. “A mí siempre me ha interesado la masculinidad que tiene muchas capas, ellos sufren y son gente intentando encontrar su sitio en el mundo”, contó Arévalo.

Los intérpretes elogiaron la forma de trabajar del autor de Primos. “Dani te cuida mucho, siempre se preocupa de que estés bien, que te veas preparado, no descuida la parte humana que en el fondo es la más importante. Prioriza a los actores, si necesitas más tiempo, lo tienes”, aseguró Montoro, mientras que Sánchez destacó que “te permite proponer cosas. Si le encaja, no va a tener reparo en cargarse su guión”.

Ambos tuvieron que confiar plenamente en el realizador, ya que Sánchez Arévalo no permite que los actores vean en el combo sus escenas.”Quiero que se sientan libres, no que se juzguen”, señaló. No fue fácil este modus operandi para Nacho Sánchez: “estás tratando con la profesión más vanidosa, Por mi poca experiencia en el audiovisual necesitaba una referencia, saber si me había quedado corto o no. Fue un acto de valentía el dejarme y asumir que mis ojos iban a ser Dani”.

El vínculo con los animales

El único protagonista ausente en este encuentro en la Academia fue Oveja, el perro que desencadena el viaje de los protagonistas en la película y que ha extendido el efecto terapéutico de los animales más allá de los fotogramas y el argumento de la película. “Antes de la película no tenía perro y después del rodaje tengo perro, se llama Oveja y ha transformado mi familia”, reveló Montoro, que tiene muy claras las ventajas de trabajar con animales. “No son actores, todo te lo dan de forma espontánea, hay que estar disponible, el perro nos dirigía a nosotros, teníamos que estar todos los departamentos pendientes de él”. Y es que, lejos de elegir un can amaestrado, todos los animales de Diecisiete procedían de protectoras .

Tras estos años de ausencia en la gran pantalla, Arévalo percibe cambios en el cine –“siento que ahora hay cada vez menos espacio mediático, porque lo compartimos con las series”– y en cómo se le ve como director –“tengo la sensación de empezar de cero, lo cuál no es negativo porque yo también buscaba eso”–. En este nuevo camino, que no sabe a dónde le llevará, el madrileño ha intentado recuperar el espíritu de sus primeros cortos y su ópera prima Azuloscurocasinegro.

Con el futuro cinematográfico abierto, uno de los caminos posibles pasa por adaptar al cine su novela La isla de Alice. “Cuando me preguntaron en el Premio Planeta, bromeé con que esa historia la tenía que dirigir Amenábar o Fincher y la gente se lo tomó en serio. Pero no, me gustaría hacerla a mí. Si algún día ocurre, tendría que rodarse en Estados Unidos en condiciones”, apuntó. Sea con esta novela protagonizada por una mujer o con otra historia, Arévalo sí dejó la promesa de que veremos más pronto que tarde una nueva película suya: “no voy a dejar que pasen otros seis años”.

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