Iciar Bollain: “En Maixabel está lo mejor y lo peor del ser humano”

Por Chusa L. Monjas · 18 septiembre, 2021

La cineasta madrileña narra los encuentros entre la viuda del asesinado por ETA Juan Mari Jáuregui, y dos de los miembros del comando que perpetró el atentado

De nuevo, la vida real entra en las películas de Iciar Bollain, que le está cogiendo gusto a los nombres propios teniendo en cuenta los títulos de sus últimos trabajos –Yuli, La boda de Rosa y Maixabel–. Maixabel Lasa, que dirigió el servicio de Atención a Víctimas del Terrorismo del Gobierno vasco y que se convirtió en la primera de estas víctimas en sentarse frente a frente con los asesinos Ibon Etxezarreta y Luis Carrasco– de su marido –el político socialista Juan Mari Jáuregui– para hablar, es el eje de su nueva película. La directora, guionista y actriz madrileña ve un motivo de alegría en que cada vez hay más historias de mujeres contadas por mujeres “que transcienden, están en festivales y ganan premios”, pero vuelve a ser la única fémina del cuarteto español que aspira a la Concha de Oro del Festival de San Sebastián. Esta vez lo hace con esta producción interpretada por Blanca Portillo y Luis Tosar, que tres días después de su estreno en salas (24 de septiembre) estará en el centro penitenciario de Pamplona junto con Maixabel Lasa para hablar de esta historia, que se proyectará dentro del ciclo sobre reinserción y Justicia Restaurativa.

¿Es Maixabel una película valiente?

Es una historia que valía muchísimo la pena contar. ¡Es tan deslegitimadora de la violencia! Recuerdo haber leído sobrecogida las entrevistas que hizo Mónica Ceberio con los que participaron en los encuentros restaurativos entre las víctimas y los exterroristas de ETA. No sé si pensé en ese momento en hacer una película, pero sí que dije: ¡qué historia humana la de estas personas tan distantes, que no pueden estar más lejos una de la otra, y que tengan la capacidad de sentarse, mirarse y escucharse!

Me interesó mucho el tema, y la ocasión se dio cuando los productores Koldo Zuazua y Juan Moreno nos propusieron a Isa Campo y a mí la película, y nos pusimos a investigar no solo el encuentro, sino quiénes estaban y lo que eso suponía.

¿Conocía a la guionista Isa Campo?

No. Ante la proposición de los productores nos fuimos las dos a Donosti a conocer a Maixabel y a conocernos.

Se vieron con Maixabel…

Y después con María, su hija, y con Ibon Etxezarreta y Luis Carrasco. También nos entrevistamos con la mediadora que dirigió los encuentros, Esther Pascual; con Chema Urquijo, que trabajó con Maixabel en la dirección de Atención a las Víctimas del Terrorismo y con otras víctimas que participaron en los encuentros. Maixabel siempre ha estado muy cerca, la hemos llamado muchas veces. Durante la preparación y el rodaje, también llamé a Ibon para preguntarle cosas prácticas y concretas como el sonido de la cárcel, su día a día allí… [Rodaron en la abandonada prisión de Nanclares].

¿Les impresionó el encuentro con los terroristas?

Isa y yo estábamos nerviosísimas. Pero son personas muy accesibles, han hecho un viaje de autocrítica muy profundo y también han hecho ese entrenamiento que se ve en la película: los encuentros previos que hace la mediadora con ellos y que duraron meses, en los que hablaron de lo que habían hecho sin justificarse y sin dejarse cosas fuera. También hay un punto de contribuir, y si hay algo que pueden aportar, lo hacen. No sé muy bien qué les va a reportar la película, pero si Maixabel les pide que hablen o que vayan algún sitio, ahí están.

Si el diálogo es el mejor vehículo para la paz, para el entendimiento, ¿por qué se ha esperado tanto a dialogar de verdad?

Porque es muy difícil, por eso merece la pena contar historias como esta, porque son inspiradoras. Rodando allí he visto que queda mucho trauma, mucho dolor. Han sido muy bestias las cinco décadas de ETA y eso deja muchas heridas, mucho odio, y todo eso hace muy complicado hablar. Y luego está el uso político que, a veces, también se ha hecho de todo esto y que me parece lamentable.

Respeto y honestidad

Cuando una película se basa en hechos reales, ¿hay fronteras morales?

Muchas. Hemos ido con muchísimo respeto, pero también con honestidad, porque estos hombres dicen cosas durísimas. Maixabel es una mujer muy transparente, muy sólida, ha hecho su duelo, y no tiene una traza de odio, lo que sorprende porque es un sentimiento tan humano…

Alrededor suyo, en el País Vasco y fuera también, hay muchísimo trauma con este tema. Lo que ocurre es que allí, además, tienen que convivir todos, quien lo apoyó con quien lo sufrió y con los que salen de la cárcel y siguen recibiendo homenajes… Las víctimas siguen teniendo que ver a los etarras que salen de la cárcel como héroes. Cuando el guion estaba listo, se lo pasamos por si tenían algo que decir. Es que no puedes contar la vida de la gente sin que se sienta cómoda con los que estás narrando.

¿Cuál ha sido el veredicto?

Maixabel me dijo: ‘buena película, chiquita, te ha quedado bien’. Yo creo que ella, más que la película, ve lo que ocurrió, lo que vivió. Lo que más me importaba es que no se sintieran mal representados. Todos ven que hay cosas que se han adaptado porque en una ficción tienes que hacerlo, pero la esencia de lo que pasó está ahí.

¿Qué es más fácil, pedir perdón o perdonar?

Nada es fácil, ni sentarse a escuchar a la persona que te ha hecho un daño irreparable ni asumir el daño causado y decir: no soy un héroe, soy culpable.

Arrepentirse u olvidar, ¿qué es más costoso?

No creo que nadie, ni los que lo celebran ni los que no, puedan olvidar lo que han hecho. Como dicen estos dos hombres, en la cárcel están consigo mismos, cara a cara, no se pueden esconder. Y las víctimas no olvidan, ¿cómo van a hacerlo? Los encuentros pueden aportar una reparación, para las victimas que participaron en esos 11 encuentros fue muy positivo, y eso es lo importante.

Hace más de 21 años que fue asesinado por ETA Juan Mari Jáuregui, que está todo el tiempo en la película.

Sí. En las escenas de los homenajes que se celebran en su honor, el hombre que arranca las canciones era amigo suyo y todos los que le rodean también. Vinieron a hacer un ensayo y acabamos todos llorando porque empezaron a contar cosas de él con un cariño y un amor… Fue un hombre muy valiente, el primer discurso que hizo para la Guardia Civil como gobernador civil fue en euskera. En la película está por todas partes, en retratos reales en la casa de Maixabel, en imágenes de archivo, se habla constantemente de él…

También está muy presente la hija que tuvieron, María.

Maixabel fue a los encuentros y María no. Maixabel tiene unas ideas muy sólidas, pero a veces puede ser un poco difícil identificarse con ella; y María tiene la reacción que, a priori, tendría cualquiera que es ‘uf, no puedo’. En este sentido, María es el espectador. Y luego están los amigos que lo viven como una traición, luego lo comprenden y lo aceptan porque, como dice Maixabel, la quieren y saben cómo pensaba Juan Mari.

En tierra de nadie

Matar es un acto con consecuencias infinitas.

Creo que el viaje que han hecho estos hombres no es representativo. Son muy pocos los que fueron a la vía de Nanclares, veintitantos, y apenas 11 los que hicieron los encuentros en un momento en el que había más de 600 presos de ETA.

Es un viaje muy difícil: dejan de justificar lo que han hecho, dejan de pertenecer al grupo, dejan de ser héroes, se convierten para los suyos en traidores y para los demás siguen siendo unos asesinos. Se quedan en tierra de nadie y, sobre todo, se quedan cara a cara con lo que han hecho, asumiendo su culpabilidad. Es mucho más fácil seguir siendo un héroe, eso seguro.

¿Qué les diría a los que no quieren mirar atrás porque creen que el pasado es pasado?

Pues que se puede repetir. Los chicos y chicas de 20 años no saben lo que es ETA, hace diez que se disolvió y no lo han vivido. Ojalá esta película ayudara a que no hubiera ni la más mínima tentación a repetir lo que pasó. Me gustaría que el espectador hiciera el viaje que hacen los personajes, que tienen lo peor del ser humano, matar a otro de esa manera, y lo mejor, reconocer el daño y sentarse a escuchar al otro. Hay que mirar al pasado para poder vivir el presente en paz, y para que no vuelva a pasar. La violencia no ayuda a nada, solo a más violencia y a mucho dolor.

Es la cuarta vez que compite en Zinemaldia.

Es muy especial ir con esta historia, que va a remover muchísimo porque está contando cosas dolorosísimas desde todos los lados. Va a dar que hablar, pensar, sentir.

¿Se la juega más que en otras ocasiones?

Te las juegas siempre. Supongo que habrá gente malintencionada que vea otra cosa que no hay en la película. Estoy tranquila con Maixabel, con María. En la sociedad vasca supongo que habrá gente que apoyó a ETA que le siente como una patada y que la detestará.

¿Qué espera que le traigan los próximos años?

Quiero hacer series, y continuar en el cine, un formato muy compacto que me da mucha satisfacción y que espero que siga siendo económicamente posible.

El cine ha cambiado mucho. De haber empezado hoy, ¿haría lo mismo?

No lo sé. Con el cine que hacemos, los de mi generación, como Fernando León e Isabel Coixet, tuvimos un buen espacio cuando empezamos. Nosotros podemos seguir haciéndolo porque ya estamos, pero definitivamente se ha reducido el espacio para este cine accesible para el público y con ideas, para estas películas que hablan de la vida. Ahora hay menos espacio para este tipo de películas y más para el cine de género.

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