Marcel Barrena: “Salvar vidas en el mar no es política, es humanidad”

Por Chusa L. Monjas · 23 septiembre, 2021

El autor de Mediterráneo, que tendrá su première en Zinemaldia, narra la historia de los socorristas españoles que en 2015 viajaron a Lesbos como voluntarios

“Estamos mostrando un conflicto que de momento no sabemos resolver, que nos supera. Pero hay esperanza, porque hay gente buena que siempre va a estar ahí. La humanidad ha pasado por guerras, hambrunas y pandemias que en ese momento parecían el final del mundo, y conseguimos sacar la cabeza gracias a hombres y mujeres como los que salen en esta película”. Son palabras de Marcel Barrena, que emplea su posición de director para contar historias que le tocan emocionalmente.

Le ha pasado con los tres largometrajes que, basados en hechos reales, ha filmado: Món petit, 100 metros y Mediterráneo. “Con los dos primeros, la gente me dio las gracias por hablar de la leucemia y de la esclerosis. Me gusta mucho trabajar con la persona real, y Óscar Camps [un icono humanitario por su labor de salvamento a bordo del barco Open Arms] estaba cerca de mí, por eso me atreví a contar Mediterráneo”, dice.

Una imagen que conmocionó al mundo, la del pequeño Aylan Kurdi ahogado en las costas del mar Egeo, fue la poderosa motivación de dos socorristas españoles, Óscar y Gerard, que en septiembre de 2015 acudieron como voluntarios a la isla griega de Lesbos. Desde entonces, cientos de héroes anónimos han salvado más de 100.000 vidas en el mar a través de la ONG que fundaron, Open Arms.

“Humanamente, ha sido muy enriquecedor. Hacer una película es tan doloroso que quiero dejarme la piel por historias de las que pueda aprender, que ayuden, que sean testigo de algo que no está bien y, a la vez, intento que lleguen a la gente”, expone el autor del que es uno de los tres largometrajes preseleccionados por la Academia de Cine para representar a España en los Premios Oscar.

En Mediterráneo, que tendrá su première en el Festival de San Sebastián, en el marco de las galas de RTVE, y llegará a los cines el 1 de octubre, Eduard Fernández, Dani Rovira, Anna Castillo, Sergi López y Àlex Monner interpretan a personas con sus aspiraciones y sus problemas. “No es la película de unos héroes, de una épica, sino de unos socorristas rasos que hacen algo grande. Quería ver su lado real, y se abrieron gracias al trabajo de cinco años en los que me gané su confianza. Son héroes imperfectos, gente normal haciendo cosas extraordinarias porque en ese momento lo sentían así, de ahí esas aristas familiares en su pasado”, cuenta.

La ignorancia más el miedo

Ahora, el cineasta catalán conoce de primera mano las complejidades del drama de los miles de personas que cruzan el Mediterráneo tratando de alcanzar Europa. “Ir al terreno y convivir con los socorristas, los refugiados, los psicólogos que trabajan en los campos de refugiados… te da otra dimensión del conflicto. Y sientes paz cuando ves que, a pesar de la oscuridad, siempre hay momentos de luz gracias a las personas que apoyan y ayudan. No salen en los telediarios, pero están ahí”, resalta Barrena, que se pronuncia sobre los que tienen prejuicios hacia la inmigración. “El peor mal de nuestro mundo es la ignorancia, que desde el inicio de la humanidad ha puesto trabas a la evolución. Hay presiones para crear esa ignorancia y para generar miedo, y así poder manipular y engañar. Lo humano tiene que estar por encima de todo. Nuestro trabajo es poner altavoces para anular ese miedo a lo diferente”.

Superados los obstáculos y dificultades que se encontró en Mediterráneo –la pandemia, el cáncer de Dani Rovira, los ataques nazis a los refugiados cuando estaban localizando, lo que les obligó a cambiar el diseño–, Barrena cree que nos hemos insensibilizado, que ya no nos asustamos cuando los informativos muestran el hambre, el dolor, la muerte… “Ver esas imágenes una y otra vez , y a veces con enfoques malintencionados o torticeros, hace que pongamos una distancia o que nos creamos cuando dicen que esas imágenes son falsas. Uno de los objetivos de esa deshumanización es insensibilizar”, declara.

A la pregunta de por qué no interesa lo que ocurre con la migración en el Mediterráneo, su respuesta es directa: “es la deshumanización del extraño, de catalogar al otro como algo peligroso. Y cuando la sociedad cree esto, no quieres conocer quién es ese otro. El cine muestra lo que está pasando, es un elemento más para que decidas en que lado estás, en el de los que ayudan o los que no”, recalca.

‘Meterse en el mar, no salir del mar ‘

Él tiene clara su posición: no va a ayudar a la deshumanización. No traspasó la línea grabando la miseria de los más de 1000 refugiados sirios que aparecen en el filme. “Es la historia de unos socorristas españoles, pero no podíamos obviar a quienes estaban salvando. Tenían nombres y apellidos. Nos avisaron de que podían tener traumas al volverse a meterse en el agua. Óscar estuvo en el rodaje y se quedó impactado porque, por primera vez, vio a un refugiado meterse en el mar, no salir del mar. Nos hicimos fuertes al pensar que estábamos haciendo algo por ellos, por una idea grande, y había un sentimiento de responsabilidad. No fue fácil contratarlos porque no tenían papeles”, rememora Barrena, que no olvida que cuando acababan el trabajo, los refugiados se iban al campo y el equipo al hotel. 

Entiende que es “inevitable” que la película se instrumentalice políticamente por un poder u otro. “Hemos contado la historia de unas personas que salvan a otras. Óscar siempre lo dice: ‘cuando están en tierra, ya no es cosa nuestra’. Volvemos al miedo y a la ignorancia, nadie pone en duda que una ambulancia acuda a socorrer a un herido. Salvar vidas en el mar no es política, es humanidad, y la película va de personas que hacen cosas por otras personas sin pedirles su DNI”.

Y a Óscar Camps, ¿qué le ha parecido Mediterráneo? “Está feliz. Hace cinco años le dije que me prestara su vida, su prestigio y el de los cientos de voluntarios que trabajan con él. Ha sido muy generoso, nos ha revelado cosas de su pasado que nadie conoce. Se emocionó mucho viendo a Eduard Fernández haciendo de él, a Dani Rovira de su mejor amigo, a Anna Castillo de su hija…”. Hoy son amigos, uno de los regalos que le ha dado la profesión a Marcel Barrrena, que jura que jamás volverá a rodar en el mar. “Fue un infierno. Pero todo te recoloca, porque estar preocupado porque no puedo hacer un contraplano en el agua cuando ellos están luchando por su vida…”.

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